Aqui termina esa novela.
Dentro de poco empezara otra.
La Triple N (+c)
NEO porque suena asi como que de moda
NOVELA porque a la gente le encanta las historias
NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar
chapina, ni mas ni menos
Como que nunca llegó la primavera este año - 37
¿Cuánto tiempo tenia empapándose de la onda húmeda
y embrujadora de Senahú? Varias semanas… No pasaba de zope a gavilán, no tomaba
poco, fácilmente el equivalente de cinco plumudos diarios, y cada día sentía
más el peso de la soledad. Se le apagaba el ocote para seguir con esa
investigación. A veces se preguntaba si finalmente ese rollo no iba como
cangrejo. Le faltaba solo un pretexto para amarrarse bien los pantalones y
regresar a la Capi. Así que cuando lo llamó Ana Beatriz, ya estaba listo:
- Dime
Ana…
- Marco, llamó ese señor Gramajo López.
- ¿Qué dijo?
- Te repito sus palabras exactas: dígale que
encontramos al tipo, el que mató a mi esposa y que intentó matarlo a él.
- ¿Así dijo?
- Fueron sus palabras exactas, te digo.
- ¿Llamó él en persona?
- Pues, si.
- ¿No fue su cuire que llamó?
- ¿Cómo así?
- Te llamó el guardaespaldas quien te comunicó con
Don Gramajo.
- No, Gramajo se comunicó directamente. ¿Por qué?
- No, solo por curiosidad. Dime, Ana ¿tienes un
traje de baño?
- Claro ¿Y esa pregunta, vos?
- Llego dentro de seis horas y nos vamos al mar.
Marco colgó, pensativo:
- ¿Le
gustara el colchón rosado a Ana Beatriz? Lo seguro, es que le va a dar risa,
sobre todo los ositos.
Como que nunca llegó la primavera este año - 36
En el mismo momento que se puso de rodillas, José Luis
Gramajo López escuchó un ruido sospechoso atrás. Levantó la cabeza para
dirigirle una mirada interrogativa discreta a TripleH que se había quedado
vigilando en la alameda de arena. Lo tenían bien inmovilizado dos gorrillas,
jeans, chumpa de cuero, chayes oscuros, típicos policías en civil.
- Quédate
quieto, José Luis, estamos aquí para apoyar.
Reconoció la voz ronca de Alejandro Flores Batz:
- ¿A usted le gusta molestar la gente que visita a sus
seres queridos, señor de la Dirección General de Investigación Criminal?, preguntó
sin moverse.
- Tómalo con calma, amigo, ya te dije que venimos para
darte una mano.
- ¿A limpiar la tumba? Todavía es como nueva, sonrió
sarcásticamente Gramajo mirando la inscripción: Carolina Menéndez de Gramajo
1977-2010.
- No te la voy a resucitar, viejo, pero agarrar al
pendejo que lo hizo, eso si te lo prometo.
- ¿No me digas?, comentó con ironía el finquero.
- Escúchame, vas a levantarte despacito, sentarte donde
sea y te cuento.
Gramajo López se puso de pie, dio la vuelta. Flores Batz tenía la cara impasible, con los ojos medio
cerrados entre el humo azul de su cigarro.
- ¿No te diagnosticaron un cáncer del pulmón, aun?
- ¡Que si, ya hace tiempo, créeme! Pero hay placeres
difícil quitarse de la vida. ¿Me escuchas?
- Dale, soy todo oído.
El policía le pasó una mano en la espalda:
- Mejor
vamos sentarnos en esa banca, no hay muros pero orejas si, dijo dando un
vistazo a sus dos hombres que agarraban TripleH como si será el enemigo público
número uno.
El Subdirector
General de Investigación Criminal suspiró, tomó su respiración y por fin habló:
- La verdad, al principio pensé que tú la mataste, José
Luis.
- Yo
pensé lo mismo de ti.
- No me
sorprende, y por las mismas razones, seguro.
- Seguro,
confirmó Gramajo López sin mirar a Flores Batz.
- Otra
verdad que te voy a decir, nunca me preocupe por eso, cumplimos ordenes y
basta.
- Quizás
tienes razón, quizás no, de todas maneras ya no importa mucho…
- Tercera
y última verdad, no fue nosotros quienes encontramos el chucho que mató a tu
esposa y a Alfredo Pop Choc. Te recuerdas que habíamos decidido que
mejor no investigar, y contrataste a ese tipo…
- Marco…
- Si, Marco. Supe que no logró mucho sino casi perder la
vida.
- Así es, y mejor tener un empleado despedido que muerto.
- Depende, depende, murmuró misteriosamente Flores Batz.
Lo que quiero decirte, es que le debes una a alguien.
- ¿A ti? me imagino, sonrió el finquero.
- A mi no, le debes una a Víctor Rivera.
- ¿Rivera? ¡Ese ex guerrinche que solo siembra mierda en
el Polochic!
- Este, exactamente. No sé qué siembra pero si es como
pez en el agua en La Verapaz.
Los dos no pudieron esconder una sonrisa:
- Vos,
pez en el agua…
- Pues, te puedo asegurar que tiene un nivel de
información que le envidio…
- ¿Y qué interés tendrá en eso? preguntó Gramajo con tono
sospechoso.
- A saber, esa gente tiene sus trucos, sus cálculos, tan
torcidos como los nuestros. Lo que sé es que le debes una.
- ¿Qué garantía tengo que no me estas engañando?
- ¿Una prueba?
- Si.
- ¿Una prueba irrefutable?
- A ver…
- ¿La confesión del que lo hizo, sería suficiente?
- ¿La tienes aquí grabada?
- Nel, lo tengo a él, aquí.
Alejandro Flores Batz y José
Luis Gramajo López volvieron cerca de la tumba de Carolina
Menéndez de Gramajo.
- Ya
lo pueden dejar, dijo el finquero a los dos policías que no dejaban TripleH ni
mover un dedo. No hay problema, agregó dirigiéndose a su guarura.
- No lo van a dejar, eso te lo juro, amigo, comentó
Flores Batz.
El finquero lo miró, miró a TripleH que tenía los ojos
inyectados de sangre, miró de nuevo a Flores Batz. Se acercó de su
guardaespaldas, a unos cincuenta centímetros:
- ¿Por
qué? interrogó de una voz sorda.
Nadie se dio cuenta cuando ya tenía en la mano la escuadra
que había sacado del cincho de TripleH:
- ¿Por
qué? repitió, quitándole el seguro y apuntando el arma en el cuello del
guardaespaldas, cerca de la carótida.
- Era una puta, boss, una puta, ella y ese indito creído,
balbuceó TripleH, se lo juro, boss, lo engañaban.
- ¿Estas loco? ¿Estas loco? gritó Gramajo. ¿Está loco,
no? es imposible, dijo mirando a Flores Batz.
- Lo averiguamos, se lo inventó todo el idiota. Sabes,
esos brutos, entre el guaro, la ranchera y esas telenovelas, se vuelven
chiflados, totalmente…
Una detonación le cortó la palabra, y otra, y una tercera.
Gramajo dio la vuelta, lívido, dejando caer la pistola en el suelo. Uno de los
dos policías en civil quitó una manchita de sangre de sus chayes. Estaba
preguntándose si en la lavandería le podrían recuperar esa chumpa de cuero
argentino que acababa de regalarle su novia.
Como que nunca llegó la primavera este año - 35
Por supuesto, a veces, tenía la duda. No la duda de
simplificar las cosas sino más bien de complicarlas. Gramajo López y este
Flores Batz habían estado implicados en la masacre de 1982. La esposa del
primero empieza a investigar el caso. Esta por meter la mano sobre fotos
tomadas el día siguiente por gente del INTA. Esos dos matones la asesinan, con
el administrador que no tenía que estar o para confundir las pistas. El segundo
aprovecha de su puesto de Subdirector de la Investigación Criminal para que no
haya ninguna investigación y se permite el lujo enviar dos oficiales suyos en Senahú
para asegurarse que nadie va a meter la nariz por ahí. Por una razón u otra
estiman que Marco está por descubrir algo y tratan darle aguas también.
- Así
de sencillo, obvio, transparente, límpido. ¿Entonces porque, para que me contrató
Gramajo López?
Se daba cuenta el detective que tenía la capacidad a dar
esa vuelta por la explicación y luego esa pinche pregunta como cinco veces por
hora:
- Entonces,
a ver, Gramajo López y este…
- ¿Se lo lleva o lo entregamos, señor, una dirección? lo
interrumpió el vendedor en sus pensamientos.
- Si me pueden hacer la volada cargarlo en la furgoneta
que tengo al frente…
Mientras esperaba la factura, pasaron con el colchón
¡color verde militar!
- Bueno, me importa un pepino,
con la sabana, y durmiendo… pensó Marco. ¿Mire, disculpe, no tendrán otro
color?
- Claro que sí señor, tenemos también azul y rosado.
- Entonces, rosado, por favor.
- En seguida, señor.
Se río interiormente Marco:
- ¡Si
invito un día una chica en mi furgoneta, prefiero que me diga hueco que
chafarote!
Hoy no tenía cita con nadie. Por aburrimiento o por
provocación, tomó asiento en el mismo lugar donde se habían quedado por una
tarde con TripleH. Frente el lugar estaba siempre un cartel diciendo “Por
favor, demuestre su cultura” en referencia a los que salen del bar para sacarse
la chela a fuera contra la pared. Se recordaba Marco que de este lugar se podía
mirar casi todo el mercadito de Senahú. Y así se la paso toda la mañana,
tomando alternativamente un café, un jugo de tomate, una cheve, un café, un
jugo de… ¿Alguien podría reconocerlo? Imposible, cada día se ponía más barbudo
y más moreno. Imaginamos, pasa TripleH ¿no se daría cuenta?
- Ya
te dije que no, pensó el detective, y este TripleH, me suena que soñé de él.
¿Cómo perder tiempo de mi sueño con un bruto de esa especie? se peguntó.
Así va con los sueños, siempre tienen que ver con un
acontecimiento que ocurrió durante el día anterior y te les recuerda un
acontecimiento del día siguiente. A menudo le asustaba imaginar que dormir es
solo seguir viviendo con los ojos cerrados, pensar que esa máquina nunca para,
y que el día que para, se pudre para transformarse en otro proceso ¿Qué se yo?
Un gusano, lo cruzan y lo saludan otros gusanos:
- ¡Vos,
Marco! ¿Qué te has hecho?
Estaba almorzando, en la misma terraza, un ceviche
demasiado salado bajo un sol demasiado fuerte, cuando la buena idea le cayó
encima. Usted sabe que las buenas ideas no vienen cuando uno está sentado,
rompiéndose el ayote y con profundas arrugas en el frente, sino más bien en el
momento y el lugar donde se las espera menos. Estaba recordándose de varios
casos que había resuelto en años anteriores. Ese asunto de un banquero que
había provocado la bancarrota de dos de sus bancos, pero se quedó en libertad y
sus clientes siguen movilizándose de vez en cuando frente el Palacio de la
Cultura. Otro caso gracioso fue de un profesor de literatura, guatemalteco
viviendo en Francia desde varias décadas: público una novela policiaca en
español en Guatemala de un tipo que mata a un familiar antes de huir a Europa.
¡Era su propia historia! Hubo prescripción, después de tanto tiempo, y ya no le
importaba a nadie quien había asesinado a tal fulano. Hubo también esa aventura
que salió durante varios meses en la prensa, policías que matan a policías que
mataron a policías. Cuando se supo que así fue, Marco se tomó unos meses de descanso
en México porque ¿Quién sabe a quién mas podían eliminar? ¿El sobrino de la
vecina de la tía del propietario del carro que prestó su hijo a un amigo del guardián
del condominio donde vive la esposa de su ex empleador? Por ahí le vino,
arrastrándose en la penumbra, la buena idea: el doble asesinato de Las Lomas
del Norte no tenía nada que ver con el finquero y por esa razón había
contratado un detective privado.
Dicho al revés: lo había contratado el finquero porque no
tenía nada que ver con el crimen. Un nuevo punto de partida estrecho pero
seguro a cien por cien. Entonces, podía ser cualquier cosa, porque acá te matan
por cualquier cosa. Quizás la esposa de Gramajo López chocó por accidente la
abuela de un idiota en un súper, se disculpo pero la vieja era un poco sorda, llegó
a casa, contó que la martirizaron, para dramatizar su vida, el nieto ya sintió
como la sangre le subía al cerebro, agarró su arma, su pickup sin color y se
fue a enseñarle a esa puta lo que es el respeto. Cualquier cosa, te digo. El
Batz, el administrador, en la librería al frente del mismo supermercado buscaba
un cuaderno para contabilidad, la joven vendedora lo deja caer en el piso, él
como siempre muy amable trata tranquilizarla pero el patrón amenaza darla de
baja, entonces Batz toma su defensa, se encabrona el dueño de la librería, se
lo mastica unos días, no echa la patoja a la calle pero el indito al infierno,
eso sí. Cualquier cosa, cualquier. Un ferviente de Jesús Cristo se imagina que
esos dos, la esposa de la finquera y el administrador, era su lechero, le
recuerda una maldita telenovela, la ricachona y el indio ingrato, ya no aguanta
el escándalo y con la mano de Dios cumple con su misión de que haya paz y
justicia en la tierra. Todo es posible acá. Entonces, seguimos con el mismo
método: empaparse, washar, escuchar hasta que pase algo.
Como que nunca llegó la primavera este año - 34
Un viento con sabor a sal agitaba el potrero. Iba a
llover, enormes nubes negras amontonándose arriba de las montañas. Cuervos
gritando histéricamente bailaban alrededor de una ceiba. Nunca le gustaron los
cuervos a Marco, no por ese color tan oscuro que tiene reflejos azules sino esa
mirada penetrante que tienen, penetrante e inexpresiva. Sin embargo, se acercó,
por curiosidad.
- Con
cuidado, dijo una voz.
Marco dio la vuelta, le hacia un signo de la mano
un guardián frente el portón de la finca, mejor dicho una finca porque no
reconoció esa entrada. Seguía moviendo la mano el tipo, sus labios se movían
pero no se oía lo que estaba gritando, algo como “¡Que le vaya bien!” Quizás.
Ya había llegado como a unos treinta metros del árbol. Esos animales con sus
gritos estridentes no eran cuervos sino como zopilotes pero con ojos
amarrillos. Ni le ponían atención, ocupados que estaban de comerse los ojos de
la gente ahí colgada. Por la ropa de unos cadáveres suspendidos, supo que eran
indígenas, K’ekchies. Muchos K’ekchies. Una mano se puso en su brazo:
- Vámonos,
Marco, aquí no hay nada bueno para ti.
- ¿Ana Beatriz, que haces aquí?
Estaba de pie, su largo pelo negro flotando, solo
tenía puesto una ropa de dormir. Estaba muy pálida. Marco se asustó:
- Ana
¿Qué haces aquí? respóndeme ¿y porque andas con los pies descalzos? Te vas a
enfermar.
Quiso tomarla en sus brazos pero lo rechazo, sus
inmensos ojos color café oscuro siempre clavados en la nada y repitiendo otra
vez:
- Vámonos,
Marco, aquí no hay nada bueno para ti.
- ¿Viste lo que hicieron a esa pobre gente? ¿Quién
puede merecer tal suerte?
- Vámonos, Marco, aquí no hay nada bueno para ti,
repetía Ana Beatriz, temblando.
- ¿Irnos, que dices, irnos como que no paso nada?
¿Eso propones? gritó Marco.
Se puso a llorar Ana Beatriz:
- Vámonos
de aquí, vánanos avisar a la gente, vámonos y les contaremos lo que hemos
visto, vámonos Marco.
Caminaron hasta la salida del potrero, en el umbral
del bosque, el cielo estaba totalmente negro, la luz gris, pero no llovía
todavía. Marco se fijó de nuevo en los pies descalzos de Ana Beatriz:
- No
entiendo, murmuraba, no entiendo.
Se quedó horas y horas la mirada pegada a los pies
de la joven.
- ¿Horas,
sin darme cuenta, como puede ser? Pero seguro que sí, ya estamos llegando al
pueblo. ¡Ana, mira, llegamos al pueblo!
Mejor dicho un pueblo porque no reconoció esa
aldea. Las calles estaban desiertas. Solo se escuchaba en lo lejano un gallo
gritando con voz metálica, oxidada. Pasaron frente una capilla con sus puertas
abiertas, con nada adentro, parecía un decoro de cine. Les cruzó una bicicleta
pero tan rápido que no pudo ver Marco quien la montaba. Descansaron sentados en
unas llantas empiladas frente un pinchazo. Ana Beatriz se puso a gemir:
- Necesito
agua, siento que me voy a desmayar.
Marco la miró, con su camisola transparente, se
adivinaba sus pequeños pechos, sus nalgas un poco arqueadas y bien firmes.
- ¿Será
que es el lugar y el momento para pensar en eso, después de tantos años sin
haberme dado cuenta? se preguntó. No te muevas, ahorita te encuentro agua.
Dio la vuelta a la esquina para encontrarse cabal
en una tiendita. Había un señor en un rincón como que volando banca, pero medio
agachado, no logró distinguir su cara.
- Otro
bolo, pensó Marco.
En el mostrador estaban perfectamente alineadas
cabezas, recién cortadas. A pesar del pelo pegado a los rostros, Marco
reconoció varios: Dominique Gourbeau Velásquez ¿Qué hacia aquí, no había tomado
su avión para Europa finalmente? Estaba Buey, no podía ser, lo habían matado
frente sus ojos, su propio hermano sospechaba que coqueteaba con su esposa, te
imaginas su propio hermano lo hizo matar ¡putos salvajes! Estaba, con los ojos
abiertos, Oscar Pérez Caal, el vecino tan amable de Las Lomas del Norte. Se
abrió su boca:
- Don
Marco, usted ¡no entendió nada, que lastima!
- Es que es demasiado inteligente, puntuó
irónicamente la cabeza cortada de Julio Chen Toc.
- No hables así, miijo, no seas grosero, lo regaño
otra cabeza.
- Debe ser María Toc Cab, pensó Marco, pero era
difícil identificarla por las múltiples heridas que tenía en el rostro.
- ¡Cállense, estúpidos! gritó el hombre del rincón,
levantándose. Tenía una pistola en la mano y Marco no fue suficiente rápido
para evitar que lo apunte en la frente, entre los dos ojos.
- ¡Triple H, el cuire de Gramajo López! ¿Estas tan
bolo que no me reconoces? preguntó Marco
Solo le escupió en la cara antes de gritar más
fuerte:
- ¡Claro
que te reconozco, metiche, es tan buzo que a todos ustedes les metió en esa
mierda, y a mí, bastante buzo que es!
Quitó el seguro del arma:
- ¡Muérete,
cabron!
Marco sintió que se mojaban sus pantalones. Abrió
los oclayos, le dolía la ñola. Mañana, primera hora, comprar un nuevo colchón.
Como que nunca llegó la primavera este año - 33
El viejo recogió sus cosas o hizo como que estaba, iba a recoger sus cosas, su machete y su morralito. Pero no tenía la fuerza y se dejó caer en la banquita. Le dio una mirada torcida a Don Pedro, un volatín fichudo que acababa encontrar entre dos octavos.
-¿A qué sos alcohólico, vos? ¡Con pistal pero que cabron, estas babando como un zapo!
- Cállate, no ves que estoy concentrado…
- Concentrado de mis huevos, te vas a reventar el frijolito, mi hijo, y que si, el viejo se cayó entre la banca y la pared, donde debían copular las arañas y fermentar viejos escupitajos. Pero ya no decía ni mierda.
- Por fin, suspiró Marco, un poco de silencio, antes de que le llame la atención una pareja que se estaba peleando en una telenovela que hacía temblar el puesto de televisión suspendido al techo por dos cadenas.
Los dos andaban de jeans, él con el bigote y el sombrero tal como se debe y ella con pechos súper aerodinámicos, tal como se debe en ese tipo de drama. Entre los vapores del alcohol, le pareció al detective que el tipo, muy mascado, le dio un chipotazo a la tipa que se cayó en un sofá de muy mal gusto:
-¡Mujer ingrata, cómo pudiste hacerme eso, humillarme de esa manera con gente de mi personal!
- No puede ser que ese sofá sea tan feo, reflexionaba Marco, me recuerda ese centro comercial de la zona 10 ¿cómo se llama? el Templo del Mal Gusto, así debería llamarse.
- ¿Viste la leandra, la viste? preguntó el viejo de nuevo de pie y se rio: ¿Y no sabes lo mejor, mi amiguito, lo mejor? ¡Lo hizo con un indito, un puto indito!
- ¿Qué no sos indito, tu? preguntó Marco, no entiendo.
Miró de nuevo la pantalla: todos, ya dealtiro bolos, estaban hipnotizados por esa pinche historia. Y él, hipnotizado por el espectáculo, reaccionó como la mosca. Si siento que viene aire, mejor me cambio de lugar, quizás me quieren matar. Sin duda era la intención de planazo flojo que pegó su hombro. Dio la vuelta. El viejo ya se había ido otra vez con los ángeles. Se acerco el dueño de la cantina y le dio un buen cuentazo al viejo en la ñola con una bata de baseball donde una inscripción decía “Dios, Familia y Paz”. Vio la mirada de Marco en la bata:
- Soy evangélico, dijo como para justificarse, se ponen locos con esa telenovela, la miran cien veces al día y cada vez se ponen locos, a saber por qué.
Cambió el canal para un partido de football. Unos clientes empezaron a gruñir pero, bueno, todavía tenía la bata en la mano. Después de dejar unos billetes en una mesita, sin contar, Marco salió en la oscuridad fría y fue a tirarse en la parte trasera del carro que ya tenía alquilado desde, a ver, intento sumar los días en sus dados pero como costaba.
Tenía una semana con su personaje medio turista local medio alcohólico. Funcionaba bien. Claro, un turista es un ingenuo ideal para sacarle papa. Un alcohólico también. Marco iba aprendiendo: entre los imbéciles, nadie se puede imaginar que alguien lo haga a propósito. Y descubriendo que el ser humano, que sea de la ciudad o del campo, con estudios universitarios o analfabeto, siempre se cree más hábil que los demás. Eso es lo más curioso: se cree más atinado pero siempre a la defensiva también. Igual de machos, hombres como mujeres. Y de racistas. Nunca se lo hubiera imaginado el detective que había crecido en la Capital:
- Hasta en las cantinas, mano, hasta ahí maltratan a los indígenas, le comentó por teléfono al Negro. Se meten encima un bolo mestizo y un bolo indígena, y la policía siempre se pone de lado del primero.
- Vos ¿estas de salida o qué? La próxima, te invito en cualquier bar de Bocas del Monte o de Villa Canales, son igual de plomosos, esos mestizos que se creen superiores a los indios. Iguales de ignorantes y de pelados, pero se creen como la gran puta, no lo puedes entender, mano. Y hay más, indígenas, que vienen de sus comunidades, más indígenas no se puede, y gritando la gran mierda que son los inditos. Estamos enfermos, mano, enfermos.
- Entonces, no.
- ¿No, qué?
- Cuando regreso, seguimos jugando póquer en mi casa. Regalo la Etiqueta.
- Ok, buen argumento. Deja Bocas del Monte y toda esa mierda de frustrados sociales. ¿Cuándo regresas, entonces?
- En unos días, te llamo.
- ¡Molt fort! ¡Molt fort! gritaba la mujer.
Pero no es ese tipo de encuentro casual que hizo avanzar la investigación. Se recordaba Marco de cuando compartió su duda con El Diplomático del interés que podía tener para la gente por un crimen cometido un año antes. Ese último fue categórico:
- La sangre se seca pero lo morboso nunca. Le gusta a la gente, no creas. Y si pasó de qué ratos se van inventando cosas pero hablan más, se sienten más seguros. Luego, claro, te toca a ti hacer la diferencia entre memoria e imaginación.
Una vez más, tenía toda la razón el amigo. Solo costaba arrancar dando unas explicaciones de quién soy y que hago aquí y quien sea ya no paraba. Todos lo sabían todo sobre ese doble crimen, y siempre un poco más.
- No se moleste tanto, señor, por favor, reaccionó el patojo.
El detective miró su reloj, ya casi la 1:00 de la tarde:
- Como disculpas, lo invito a almorzar ¿qué dice?
- Me parece excelente.
Un joven muy interesante, este Julio, estudiando gestión de empresas en la Landivar en Cobán y, se tardo media hora Marco para entenderlo, hijo de Jacobo y de María ¡respectivamente el contable y una de las encargadas de la casa principal de Las Lomas del Norte! Cuando se le preguntó sobre el doble asesinato, demostró de que no tener mucha experiencia en investigación policiaca no detenía su capacidad imaginativa:
- Posibilidades, hay un montón. Claro, el narcotráfico. ¿Todos comentaron que nada que ver pero no puede ser que meta la pata un capo, que sea una vez? Otra cosa, el pasado, la masacre de la aldea en los años 80, todos sabemos que tuvo que ver el Don con eso, unos cuentan que dio los nombres a los militares.
- Pero, perdona lo que voy a decir, pero les exterminaron, todos…
- Si, así es, pero dicen que había un listado de unos once nombres, de supuestos cómplices de la guerrilla, y luego se les fue la mano y no quedo nadie. Bueno, puede ser también por razones políticas, un lio de faldas, o por pura envidia, o solo para molestar.
- ¿Tu matarías dos personas solo para hacer malobra?
Se río Julio:
-¡Yo no, pero muchos si, por eso prefiero irme cuando pueda!
- ¿A dónde si se puede saber?
- Gringolandia, donde ya se encuentra más de millón de chapines que prefieren tomarse riesgos para vivir mejor que vivir de la caza y de la pesca, aguantarse familiares y vecinos que ni tienen la cortesía esconder la rabia que les da que otra persona logre sus objetivos y se sienta feliz.
- ¿Así que mejor jugar al gato y el ratón con los polacos gringos con la posibilidad de que te deporten que tratar hacer algo en tu comunidad o tu barrio?
- Para mí, está claro, al final es menos deprimente.
Marco no sabía que responder. Vivía de poco, unos trabajitos, unos cuates, el póquer, internet y unos libros y ya, nada de darse la grande, tranquilo.
-¿Sabes que, Julio?
- Dígame.
- Ni sé si tendría el valor meterme en ese rollo, cruzar el desierto, los coyotes, la aduana, esconderse, ser ilegal…
- Por eso le digo: si se meten tantos, una vez y otra vez, es que acá está bien jodido. Podría ser pifia también, pura pifia.
- ¿Como así? preguntó el detective. No te entiendo, dices que y luego…
- Perdone, míster, bromeó el chavo, es que estaba pensando en el crimen de Las Lomas.
- Colosal, una pifia colosal, pues.
- A mi no me sorprendería, insistió Julio, todos chapucean, los políticos, los albañiles, los académicos ¿Por qué no los matones?
- Esta bueno el análisis pero un poco generalizado ¿no crees?
- Puede ser, Don Pedro, claro ¿pero los jóvenes como vamos a sobrevivir si no podemos generalizar?
- Este güiro es un genio, pensó Marco, espero que logre salir de acá.
- ¡Si seguimos así, dentro de poco les inventamos la investigación por telepatía!
Como que nunca llegó la primavera este año - 32
Citas y reuniones, Marco
tuvo un montón. Pero no se presentaba el chance que él esperaba, según “el
Plan”. Eso, hasta su encuentro con Alejandra Perdomo Sáenz, más
de una semana después de haber llegado en la capital k’ekchi’. Cabal era de
esas rocolas que le caían mal, que nunca trabajaron de su vida, fruto de un
casamiento de interés donde una de las grandes familias viene a salvar, no lo
dicen pero lo piensan, de otra amenazada por la bancarrota. Y además viuda, es
decir sola, y a la merced de unos zopilotes, llamados abogados-notarios en
lengua oficial. Pero simpática, cuando le dijo:
- ¿Sabe
usted, no soy nada más que una de esas viudas que nunca trabajaron y un día se
encuentran solas con un montón de buitres que se quieren aprovechar de su
ingenuidad, para decirlo así, me entiende?
Le llamó la atención a Marco la sinceridad de la vieja, y
el hecho que vendía una finca arriba de Senahú, la finca arriba de Senahú. Por fin… bueno, de hecho, le había
costado solo una semana de citas donde lo dejaron varias veces plantado y unas
reuniones con estafadores. Se juró regalarle al Diplomático una caja de
Etiqueta Negra, y otra para sí mismo por nunca haber dudado de su información.
Se sentía muy bien:
- Que bueno cuando las cosas van según el plan previsto,
pensó, lo que no ocurre muy a menudo, pues.
Y que fácil: esa señora
no sabía mucho más que él en cuanto al cultivo de café y todo lo que tiene que
ver con el tema.
Se pusieron de acuerdo que
se iban a juntar el sábado para ir a visitar la finca El Paraíso. Así que
después de un viernes pasado en la cama a dar vuelta al asunto, Marco tenia la
chispa máxima cuando se encontró con Alejandra Perdomo Sáenz
esperándolo a la par de su 4x4, una Land Rover de saber que milenio que se merecía
un lugar en un museo. Se río la señora:
- No tenga malos pensamientos,
señor Arriola, ese vehículo se parece a mí, tiene recursos inimaginables…
Se le quitó definitivamente la duda al detective cuando
llegaron a la entrada de Senahú a como 150 kph.
- ¿Usted se preguntara si fui piloto de Fórmula 1? Preguntó
ella.
- Mire, Doña Alejandra ¿puedo llamarla así?
- Por favor, Don Pedro.
- Mire, sin ofender, estaba pensando en algo parecido.
- No hay ofensa, mi estimado, no hay ofensa. Si usted me
estaba imaginando manejando en un rally, pues fíjese que no está muy lejos de
la realidad.
Mirando con ironía la
cara sorprendida del Marco, agregó en un suspiro nostálgico:
- Solo
que fue hace medio siglo, como corre el tiempo ¡increíble!
Llegaron a la finca El Paraíso
a mediodía. Después de cruzar unos kilómetros de selva, un camino de terracería
bordado por dos inmensos potreros llevaba hasta un portón majestuoso y sus guachimanes,
la casa de los dueños con sus dependencias, los depósitos de agua, las bodegas
y los talleres. Y estaba el personal indígena trabajando por todas partes. Marco
pensó que todos los beneficios de café se parecen, al final.
- ¿Le
gusta las flores? preguntó Doña Alejandra.
Se dio cuenta Marco que,
a diferencia de otras fincas que había visitado en esos últimos días, esa
estaba literalmente invadida de flores. No sabía mucho sino nel pastel de
flores pero se quedó boca abierta de los centenares de orquídeas salpicando el
lugar.
- Que
belleza, comentó. Y era sincero.
También le sorprendió
agradablemente la bienvenida que le dieron los empleados, las señoras de la
limpieza, hasta los guardianes. Nada que ver con la relación que tenía el
propietario de Las Lomas del Norte con la gente local. Se imaginó cuando
llegaba Carolina
Menéndez de Gramajo en esa
finca, que la recibían con mucho afecto, sentimientos, y por ende respeto. No
el respeto obligatorio al patrón, el respeto para alguien que respeta a los demás.
Doña Alejandra le presentó cada persona, siempre con un cumplido sobre cada
una. Se acercó una señora de tanta edad que se hundían sus ojos entre sus
arugas. Se abrazaron tan efusivamente que Marco se sintió indiscreto:
- Por
favor, acérquese jovencito. Doña Matilde, este es Pedro, no es lo que parece,
es buena gente, se lo puedo asegurar.
El detective sintió un
gran malestar a la vista de las lágrimas discretas en los rostros de las dos
ancianas, tan diferentes, tan diferentes a parte de esas lágrimas, las mismas,
de pura felicidad por encontrarse.
- Perdone
tanta emoción frente un desconocido, Don Pedro, fíjese que esa mujer es la
mujer que me dio luz, ella me confiero mi nahual, tenemos el mismo, pero es un
secreto, usted sabe, dijo poniendo su indexo en sus labios.
- ¿Nahual? se preguntó Marco.
Tengo que consultar el amansaburros más tarde.
- Si voy
bien con las cuentas, tiene más de cien años Doña Matilde ¿así es?
- ¡Hiiii,
mucho más, mucho más! se exclamó la comadrona. Pero usted hace bien no revelar
la edad de una chica a un patojo que saber por dónde y con quien estuvo
andando.
Y las dos viejitas
muertas de la risa, de tanta risa que Marco se temó de que habían elegido ese
momento preciso para un infarto compartido.
Pasaron el día domingo
visitando la finca. A Marco le sirvió mucho lo que le había enseñado la gente
de Las Lomas del Norte, más que todo cuando las discusiones se ponían muy
técnicas. Estaba avergonzado de engañar a esa mujer tan simpática, generosa.
Pero había que seguir el plan sea lo que sea. Dieron una vuelta en tres caseríos
donde vivían los trabajadores del beneficio con sus familias. Por todas partes,
los k’ekchies acogían a Doña Alejandra con mucho cariño. Se lo comentó ella en
el camino de regreso al caso de la finca:
- No se
equivoque, mí estimado Pedro, mi esposo les trataba como animales y nunca tuve
yo que involucrarme directamente en la gestión de la propiedad, la producción y
menos con la gente que trabaja aquí. Usted sabe como es la gente, lo básico que
necesita… entonces, el era el malo, y yo la buena.
- ¿Qué tanto la molesta
ser la buena? respondió impertinente Marco.
- Señorito insolente, no
me molesta eso. Me preocupa que la gente no… mejor dicho sé que he vivido toda
mi vida, y vivo muy bien, del sudor de esa gente que me quiere tanto.
- Nadie es perfecto…
- Nunca había escuchado
una banalidad tan cercana a la realidad.
- Esta bien enojada la señora,
pensó, con sí misma. ¿Para qué tener tanta experiencia, entonces? dime.
Como que nunca llegó la primavera este año - 31
Las dos semanas en
Monterrico pasaron muy rápido, finalmente. Fue tiempo suficiente para que Marco
salga de ahí moreno y barbudo, con unos kilos más y pelo bien cortadito. Si ponía
los chayes medio-oscuros, era imposible reconocerlo. Como ya tenía todo
planificado cuando salió de Ciudad de Guatemala, se la pasó como que de
verdaderas vacaciones, coqueteando con turistas gringas de más edad que él,
abordándolas siempre con el mismo discursito:
- ¿Me
llevaría usted en su valija de vuelta a su país? no ocupo mucho espacio…
En unas oportunidades,
la historia hubiera podido terminar o empezar en la cama pero Marco le ponía un
alto al juego cabal a la entrada de la habitación de la señora. Porque era solo
un juego, nada de ir a embarazar la hija de Donald Trump, por ser demasiado conservador
el dadi, ni tampoco recuperar unos bubones de una enfermedad exótica de Texas o
Dakota. Con el canal 29, Marco se quedaba feliz.
De hecho, en realidad,
no fue dos semanas sino un mes de descanso que se tomó el dichoso, si incluyamos
el viaje desde Monterrico hasta Cobán, pasando por Tapachula, tan sórdida como
la tenía en su recuerdo de veinte años antes, el DF, tan contaminado en ciertas
zonas que ni puedes respirar, Chetumal, siempre ininteresante, unos días para
ver Tikal, como no señor si usted se lo puede permitir. Si no tomamos en cuenta
que casi se cayó de la terraza del Templo V por hacer el payaso frente un grupo
de turistas japonesas, todo estuvo perfecto. Es que Marco hubiera podido
pasarse la vida entera en los pulman mexicanos, tan le gustaba viajar con ese
medio. Por el buen estado de las autopistas donde se deslizaba el vehículo, no
como Guate que tienes la impresión ser un paquete. También por la
correspondencia total entre el número de asientos y el número de viajeros que
dejan subir, así que no tienes que aguantarte estar de pie en la fila del medio
durante todo el viaje y agacharte cada vez que cruzan un control policiaco,
como en Guate. También el comportamiento respetuoso de los choferes que te
saludan, manejan con cuidado (bueno, no siempre) y no imponen a todo volumen
sus gustos musicales personales, como en Guate. También puedes conocer a gente
nueva, hasta interesante a veces, con quien compartir conversación y comida y
no pasarte todo el viaje espiado por miradas de reojo, como en Guate. También
no vas a tener que ver gente tirando pañales con mierda, botes de cheve o
huesos de pollo por la ventana porque el planeta tiene que ser como mi casa, un
basurero, como en Guate. Sea dicho de paso, a pesar de todo, el pasaporte, un
verdadero pasaporte falso, que Marco recogió en Tapachula, era guatemalteco.
Ahora Marco se llamaba Pedro, Pedro Arriola, y la foto se parecía mucho: un
gordito moreno con barba, pero sin chayes porque ya los prohibió Tío Sam por si
se escondería un terrorista musulmán atrás.
Así que llegó feliz a Cobán
y no con tantas ganas de trabajar. Se instaló en Los Fanales, un lugar sin
mucha personalidad, salvo que parece natural que alguien buscando una finca
para comprar se quede en el hotel más caro de la ciudad ¿no? Marco no tenía
mucha idea de los criterios para elegir un beneficio de café pero era parte del
plan. Muy poca gente no cae en la trampa de quien se hace pasar por un imbécil,
porque muy poca gente tiene esa capacidad: parecer más estúpida de lo que es en
realidad. Digamos: voluntariamente. Solo platicando por aquí y por allá, ya tenía
dos citas previstas para el viernes, a penas cuarenta y ocho horas después de
su llegada en la capital k’ekchi.
La primera era a la hora
del almuerzo con un tal Pascual Ospina Monroy, en un restaurante frente el
hotel. El tipo, bajito, con pantalones tocando acordeón y afeitado con machete,
llegó con casi una hora de atraso. Ni se disculpó. De entrada, le cayó mal a Marco.
Pero dependía más que todo de donde se ubicaba la propuesta:
- Fíjese,
uste, que esa finca la tenemos en la familia desde tres generaciones. Pero se
fue creciendo, comprando cuando había chance. La última vez fue hace siete años
con diez y seis manzanas. Así que ahora tiene sus dos caballerías y medio ¿nada
mal, que le parece?
- Es una propiedad grande ¿tiene nacimientos de agua?
- Como no, tiene seis, también una catarata, produce su
propia energía eléctrica con un molino de agua.
No lo quiso mostrar pero el detective se quedo friqueado
por la idea y se le escapó una exclamación:
- ¡Qué
bien, la autonomía total, su propia agua y su propia luz!
Su interlocutor lo miró
con cara de quien se está preocupando de donde sale este payaso. Pero no
importaba. Ahora la pregunta de las preguntas:
- ¿Dónde se encuentra esa belleza?
- A ver, le hago uno su planito.
Agarró una toallita de
papel y empezó dibujando:
- Es fácil. ¿Uste conoce a Fray, Fray Bartolomé de las
Casas?
Marco respondió cortésmente
que más o menos a pesar de que esa zona no tenía nada que ver con lo que le
interesaba a él. A partir de ese momento escuchó a Ospina Monroy solo con un
oído, asentía de vez en cuando de un gesto de la cabeza. El precio estaba
totalmente exagerado y no quedaba bien claro quién era el dueño de esa belleza.
Sin embargo, le llamó la atención cuando el otro comento que la región de Fray
era tranquilla, no como Senahú:
- ¿Y eso? cuestionó Marco.
- ¿No escuchó
uste lo de Senahú, bueno ahí un poco más arriba de Senahú, hace ya unos meses?
- Pues no ¿qué paso?
- Un doble asesinato, la
esposa de un finquero y su administrador. Les torturaron y luego les
ejecutaron.
- ¿Y se sabe quién es? preguntó
Marco.
- Mire, todo esa cuenca
del Polochic es un lio, todo es político.
- ¿Cómo así?
- Digamos que es como
que sigue la guerra, por un lado los militares, por el otro los ex
guerrilleros, los ixtos entre ellos, y sus tierras, claro.
-¿Quieren sus tierras dice usted?
- No es
tanto que las quieren pero delimiten sus territorios, parece guerra, como
antes.
- ¿Entonces, ese doble
crimen que me contaba usted?
- Los ixtos, los ixtos,
seguro. Chucho no come chucho, uste lo sabe muy bien. Quieren la revancha.
Asusta, claro, pero mire uste, si lo humillan, lo explotan así, desde siempre,
un día se enoja uno ¿no cree uste? Me asusta pero entiendo que el rollo no
puede ser otro.
El detective, en un
primer momento sorprendido por esa nueva hipótesis, la descartó rápido. No era
una probabilidad sino solo las fantasías de un racista.
- Racista
y liso de ni disculparse a pesar de llegar con no se cuanto tiempo de atraso, masculló
Marco.
La segunda cita lo tomó también
por sorpresa pero por otra razón. Tenía que encontrarse con un tal Dominique
Gourbeau Velásquez a las 7:00 de la noche en el bar de Los Faroles. Llegó un
poco antes para gozar tranquilamente de un whisky seco y dar una ojeada a la
prensa del día. No tan tranquilamente porque
ya estaba instalado un grupo de turistas españoles cuya principal característica
no era la discreción. Poco antes de las 7:00 entró una mujer de unos treinta
años, elegante con un vestido rojo seguramente de ejecución italiana y un corte
de pelo recordándole a Marco Juana de Arco. A pesar de la atracción que sintió Marco
por esa aparición un poco a fuera de contexto, se sumó en la lectura de los
últimos acontecimientos en cuanto a crímenes, robos, secuestros, corrupción,
malversaciones, bueno, lo de siempre y de cada día en nuestra querida prensa
nacional. Pero tuvo que emerger de nuevo cuando escuchó los pasos de la mujer
acercándose. Levantó la cara, no solo lo estaba mirando sino que también le
hablaba:
- Perdone la molestia ¿usted es el señor Pedro Arriola
Santos?
- Así es,
respondió el detective ya de pie y ofreciendo a la desconocida que tome asiento
en el otro sillón: por favor…
- Un gusto, dijo ella, con
una mano firme como hierro recién fundido.
- ¿Y con quien tengo el
gusto? si me permite preguntar. Vos, cuando te paras hacer el ridículo, avísame,
pensó.
- Soy Dominique Gourbeau
Velásquez, respondió con una discreta sonrisa.
- Es que… balbuceó Marco.
- No se preocupe, le comentó
la mujer siempre con la sonrisita, estoy acostumbrada. Llámeme Dominique, será
suficiente…
- ¿Sabes que, vos? pensó
Marco, ya no sos ridículo sino que totalmente estúpido...
Mientras la señora
Gourbeau Velásquez pedía un té de manzanilla, Marco trataba entender quien tenía
al frente. Así, a grandes rasgos, de origen francesa y española, con papa y
educación. El objeto de su estudio sumario lo interrumpió en pleno análisis:
- No se
preocupe, repitió, entiendo que se sienta en apuro. De hecho, mi nombre es
masculino y femenino, así es. Y no creo que usted sea de esos profesionales que
tienen capacidades particulares para identificar rápidamente con quien tienen el
gusto…
A la defensiva, el
detective preguntó:
-¿En qué sentido?
- El vestido, la manera
de hablar, de moverse, no sé, dicen que en Estados Unidos, la policía tiene psicólogos
que pueden detectar si alguien miente solo por la posiciones de su cuerpo, el
movimiento de sus ojos y de sus manos…
A Marco le hizo gracias
esa mujer con tanta imaginación que no estaba muy lejos de la verdad:
- ¡No, no
soy policía, gracias a Dios! Pero a mí también me gusta leer novelas
policiacas.
Los dos se rieron como
que si se conocían desde mucho. La señora Gourbeau probó su te antes de colocar
su tasa en la mesa baja:
- Muy
caliente, voy a esperar un poco. Entonces, señor Arriola ¿usted está en
búsqueda de un finca de café?
- Efectivamente, recibí
una herencia y amigos míos me aconsejaron invertir en ese tipo de actividad.
- ¡Que coincidencia! Fíjese
que la finca que tengo a la venta es herencia de un familiar que desapareció
hace poco.
- Todo mi pésame…
- Gracias pero por favor
no tenga esa cara dramática, la recibí de un tío que nunca tuve el honor de
conocer. No vivo en Guatemala, precisó ella. Un gabinete de abogados de la
Capital maneja el asunto pero, otra coincidencia, estoy de paso en Cobán y
tenia curiosidad encontrarlo.
Marco se quedó mudo, no sabía
cómo reaccionar.
- Y sin
ser psicóloga ni policía, me parece que usted no sabe mucho más de café que yo.
Se rieron tanto que los españoles
ruidosos se callaron unos minutos.
Al final de cuenta, la
señora Gourbeau Velásquez y el señor Arriola Santos hablaron de todo, de la
crisis internacional, de Sherlock Holmes, de la existencia real o no del
quetzal, de su desinterés reciproco para el football, de los impresionistas y
del surrealismo, de volcanes y lagos. Se rieron de todo menos del café. Por no
mencionarlo ni una vez. Cuando se separaron, quizás porque sintió que Marco se
iba a atrever a proponerle algo, ella lo saludó fríamente:
- Fue un
verdadero gusto compartir ese momento con usted, pero tengo que acostarme
temprano, tengo mi avión para Europa mañana a medio día
De regreso en su
habitación, Marco pensó que tenía que tener paciencia. Su plan era bueno, su
información más que valida, solo había que tener paciencia.
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