La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Fin

Aqui termina esa novela.

Dentro de poco empezara otra.

Como que nunca llegó la primavera este año - 37


¿Cuánto tiempo tenia empapándose de la onda húmeda y embrujadora de Senahú? Varias semanas… No pasaba de zope a gavilán, no tomaba poco, fácilmente el equivalente de cinco plumudos diarios, y cada día sentía más el peso de la soledad. Se le apagaba el ocote para seguir con esa investigación. A veces se preguntaba si finalmente ese rollo no iba como cangrejo. Le faltaba solo un pretexto para amarrarse bien los pantalones y regresar a la Capi. Así que cuando lo llamó Ana Beatriz, ya estaba listo:
- Dime Ana…
- Marco, llamó ese señor Gramajo López.
- ¿Qué dijo?
- Te repito sus palabras exactas: dígale que encontramos al tipo, el que mató a mi esposa y que intentó matarlo a él.
- ¿Así dijo?
- Fueron sus palabras exactas, te digo.
- ¿Llamó él en persona?
- Pues, si.
- ¿No fue su cuire que llamó?
- ¿Cómo así?
- Te llamó el guardaespaldas quien te comunicó con Don Gramajo.
- No, Gramajo se comunicó directamente. ¿Por qué?
- No, solo por curiosidad. Dime, Ana ¿tienes un traje de baño?
- Claro ¿Y esa pregunta, vos?
- Llego dentro de seis horas y nos vamos al mar.
Marco colgó, pensativo:
- ¿Le gustara el colchón rosado a Ana Beatriz? Lo seguro, es que le va a dar risa, sobre todo los ositos.

Como que nunca llegó la primavera este año - 36

En el mismo momento que se puso de rodillas, José Luis Gramajo López escuchó un ruido sospechoso atrás. Levantó la cabeza para dirigirle una mirada interrogativa discreta a TripleH que se había quedado vigilando en la alameda de arena. Lo tenían bien inmovilizado dos gorrillas, jeans, chumpa de cuero, chayes oscuros, típicos policías en civil.
- Quédate quieto, José Luis, estamos aquí para apoyar.
Reconoció la voz ronca de Alejandro Flores Batz:
- ¿A usted le gusta molestar la gente que visita a sus seres queridos, señor de la Dirección General de Investigación Criminal?, preguntó sin moverse.
- Tómalo con calma, amigo, ya te dije que venimos para darte una mano.
- ¿A limpiar la tumba? Todavía es como nueva, sonrió sarcásticamente Gramajo mirando la inscripción: Carolina Menéndez de Gramajo 1977-2010.
- No te la voy a resucitar, viejo, pero agarrar al pendejo que lo hizo, eso si te lo prometo.
- ¿No me digas?, comentó con ironía el finquero.
- Escúchame, vas a levantarte despacito, sentarte donde sea y te cuento.
Gramajo López se puso de pie, dio la vuelta. Flores Batz tenía la cara impasible, con los ojos medio cerrados entre el humo azul de su cigarro.
- ¿No te diagnosticaron un cáncer del pulmón, aun?
- ¡Que si, ya hace tiempo, créeme! Pero hay placeres difícil quitarse de la vida. ¿Me escuchas?
- Dale, soy todo oído.
El policía le pasó una mano en la espalda:
- Mejor vamos sentarnos en esa banca, no hay muros pero orejas si, dijo dando un vistazo a sus dos hombres que agarraban TripleH como si será el enemigo público número uno.

El Subdirector General de Investigación Criminal suspiró, tomó su respiración y por fin habló:
- La verdad, al principio pensé que tú la mataste, José Luis.
- Yo pensé lo mismo de ti.
- No me sorprende, y por las mismas razones, seguro.
- Seguro, confirmó Gramajo López sin mirar a Flores Batz.
- Otra verdad que te voy a decir, nunca me preocupe por eso, cumplimos ordenes y basta.
- Quizás tienes razón, quizás no, de todas maneras ya no importa mucho…
- Tercera y última verdad, no fue nosotros quienes encontramos el chucho que mató a tu esposa y a Alfredo Pop Choc. Te recuerdas que habíamos decidido que mejor no investigar, y contrataste a ese tipo…
- Marco…
- Si, Marco. Supe que no logró mucho sino casi perder la vida.
- Así es, y mejor tener un empleado despedido que muerto.
- Depende, depende, murmuró misteriosamente Flores Batz. Lo que quiero decirte, es que le debes una a alguien.
- ¿A ti? me imagino, sonrió el finquero.
- A mi no, le debes una a Víctor Rivera.
- ¿Rivera? ¡Ese ex guerrinche que solo siembra mierda en el Polochic!
- Este, exactamente. No sé qué siembra pero si es como pez en el agua en La Verapaz.
Los dos no pudieron esconder una sonrisa:
- Vos, pez en el agua…
- Pues, te puedo asegurar que tiene un nivel de información que le envidio…
- ¿Y qué interés tendrá en eso? preguntó Gramajo con tono sospechoso.
- A saber, esa gente tiene sus trucos, sus cálculos, tan torcidos como los nuestros. Lo que sé es que le debes una.
- ¿Qué garantía tengo que no me estas engañando?
- ¿Una prueba?
- Si.
- ¿Una prueba irrefutable?
- A ver…
- ¿La confesión del que lo hizo, sería suficiente?
- ¿La tienes aquí grabada?
- Nel, lo tengo a él, aquí.

Alejandro Flores Batz y José Luis Gramajo López volvieron cerca de la tumba de Carolina Menéndez de Gramajo.
- Ya lo pueden dejar, dijo el finquero a los dos policías que no dejaban TripleH ni mover un dedo. No hay problema, agregó dirigiéndose a su guarura.
- No lo van a dejar, eso te lo juro, amigo, comentó Flores Batz.
El finquero lo miró, miró a TripleH que tenía los ojos inyectados de sangre, miró de nuevo a Flores Batz. Se acercó de su guardaespaldas, a unos cincuenta centímetros:
- ¿Por qué? interrogó de una voz sorda.
Nadie se dio cuenta cuando ya tenía en la mano la escuadra que había sacado del cincho de TripleH:
- ¿Por qué? repitió, quitándole el seguro y apuntando el arma en el cuello del guardaespaldas, cerca de la carótida.
- Era una puta, boss, una puta, ella y ese indito creído, balbuceó TripleH, se lo juro, boss, lo engañaban.
- ¿Estas loco? ¿Estas loco? gritó Gramajo. ¿Está loco, no? es imposible, dijo mirando a Flores Batz.
- Lo averiguamos, se lo inventó todo el idiota. Sabes, esos brutos, entre el guaro, la ranchera y esas telenovelas, se vuelven chiflados, totalmente…
Una detonación le cortó la palabra, y otra, y una tercera. Gramajo dio la vuelta, lívido, dejando caer la pistola en el suelo. Uno de los dos policías en civil quitó una manchita de sangre de sus chayes. Estaba preguntándose si en la lavandería le podrían recuperar esa chumpa de cuero argentino que acababa de regalarle su novia.

Como que nunca llegó la primavera este año - 35

Por supuesto, a veces, tenía la duda. No la duda de simplificar las cosas sino más bien de complicarlas. Gramajo López y este Flores Batz habían estado implicados en la masacre de 1982. La esposa del primero empieza a investigar el caso. Esta por meter la mano sobre fotos tomadas el día siguiente por gente del INTA. Esos dos matones la asesinan, con el administrador que no tenía que estar o para confundir las pistas. El segundo aprovecha de su puesto de Subdirector de la Investigación Criminal para que no haya ninguna investigación y se permite el lujo enviar dos oficiales suyos en Senahú para asegurarse que nadie va a meter la nariz por ahí. Por una razón u otra estiman que Marco está por descubrir algo y tratan darle aguas también.
- Así de sencillo, obvio, transparente, límpido. ¿Entonces porque, para que me contrató Gramajo López?
Se daba cuenta el detective que tenía la capacidad a dar esa vuelta por la explicación y luego esa pinche pregunta como cinco veces por hora:
- Entonces, a ver, Gramajo López y este…
- ¿Se lo lleva o lo entregamos, señor, una dirección? lo interrumpió el vendedor en sus pensamientos.
- Si me pueden hacer la volada cargarlo en la furgoneta que tengo al frente…
Mientras esperaba la factura, pasaron con el colchón ¡color verde militar!
-  Bueno, me importa un pepino, con la sabana, y durmiendo… pensó Marco. ¿Mire, disculpe, no tendrán otro color?
- Claro que sí señor, tenemos también azul y rosado.
- Entonces, rosado, por favor.
- En seguida, señor.
Se río interiormente Marco:
- ¡Si invito un día una chica en mi furgoneta, prefiero que me diga hueco que chafarote!

Hoy no tenía cita con nadie. Por aburrimiento o por provocación, tomó asiento en el mismo lugar donde se habían quedado por una tarde con TripleH. Frente el lugar estaba siempre un cartel diciendo “Por favor, demuestre su cultura” en referencia a los que salen del bar para sacarse la chela a fuera contra la pared. Se recordaba Marco que de este lugar se podía mirar casi todo el mercadito de Senahú. Y así se la paso toda la mañana, tomando alternativamente un café, un jugo de tomate, una cheve, un café, un jugo de… ¿Alguien podría reconocerlo? Imposible, cada día se ponía más barbudo y más moreno. Imaginamos, pasa TripleH ¿no se daría cuenta?
- Ya te dije que no, pensó el detective, y este TripleH, me suena que soñé de él. ¿Cómo perder tiempo de mi sueño con un bruto de esa especie? se peguntó.
Así va con los sueños, siempre tienen que ver con un acontecimiento que ocurrió durante el día anterior y te les recuerda un acontecimiento del día siguiente. A menudo le asustaba imaginar que dormir es solo seguir viviendo con los ojos cerrados, pensar que esa máquina nunca para, y que el día que para, se pudre para transformarse en otro proceso ¿Qué se yo? Un gusano, lo cruzan y lo saludan otros gusanos:
- ¡Vos, Marco! ¿Qué te has hecho?

Estaba almorzando, en la misma terraza, un ceviche demasiado salado bajo un sol demasiado fuerte, cuando la buena idea le cayó encima. Usted sabe que las buenas ideas no vienen cuando uno está sentado, rompiéndose el ayote y con profundas arrugas en el frente, sino más bien en el momento y el lugar donde se las espera menos. Estaba recordándose de varios casos que había resuelto en años anteriores. Ese asunto de un banquero que había provocado la bancarrota de dos de sus bancos, pero se quedó en libertad y sus clientes siguen movilizándose de vez en cuando frente el Palacio de la Cultura. Otro caso gracioso fue de un profesor de literatura, guatemalteco viviendo en Francia desde varias décadas: público una novela policiaca en español en Guatemala de un tipo que mata a un familiar antes de huir a Europa. ¡Era su propia historia! Hubo prescripción, después de tanto tiempo, y ya no le importaba a nadie quien había asesinado a tal fulano. Hubo también esa aventura que salió durante varios meses en la prensa, policías que matan a policías que mataron a policías. Cuando se supo que así fue, Marco se tomó unos meses de descanso en México porque ¿Quién sabe a quién mas podían eliminar? ¿El sobrino de la vecina de la tía del propietario del carro que prestó su hijo a un amigo del guardián del condominio donde vive la esposa de su ex empleador? Por ahí le vino, arrastrándose en la penumbra, la buena idea: el doble asesinato de Las Lomas del Norte no tenía nada que ver con el finquero y por esa razón había contratado un detective privado.

Dicho al revés: lo había contratado el finquero porque no tenía nada que ver con el crimen. Un nuevo punto de partida estrecho pero seguro a cien por cien. Entonces, podía ser cualquier cosa, porque acá te matan por cualquier cosa. Quizás la esposa de Gramajo López chocó por accidente la abuela de un idiota en un súper, se disculpo pero la vieja era un poco sorda, llegó a casa, contó que la martirizaron, para dramatizar su vida, el nieto ya sintió como la sangre le subía al cerebro, agarró su arma, su pickup sin color y se fue a enseñarle a esa puta lo que es el respeto. Cualquier cosa, te digo. El Batz, el administrador, en la librería al frente del mismo supermercado buscaba un cuaderno para contabilidad, la joven vendedora lo deja caer en el piso, él como siempre muy amable trata tranquilizarla pero el patrón amenaza darla de baja, entonces Batz toma su defensa, se encabrona el dueño de la librería, se lo mastica unos días, no echa la patoja a la calle pero el indito al infierno, eso sí. Cualquier cosa, cualquier. Un ferviente de Jesús Cristo se imagina que esos dos, la esposa de la finquera y el administrador, era su lechero, le recuerda una maldita telenovela, la ricachona y el indio ingrato, ya no aguanta el escándalo y con la mano de Dios cumple con su misión de que haya paz y justicia en la tierra. Todo es posible acá. Entonces, seguimos con el mismo método: empaparse, washar, escuchar hasta que pase algo.

Como que nunca llegó la primavera este año - 34

Un viento con sabor a sal agitaba el potrero. Iba a llover, enormes nubes negras amontonándose arriba de las montañas. Cuervos gritando histéricamente bailaban alrededor de una ceiba. Nunca le gustaron los cuervos a Marco, no por ese color tan oscuro que tiene reflejos azules sino esa mirada penetrante que tienen, penetrante e inexpresiva. Sin embargo, se acercó, por curiosidad.
- Con cuidado, dijo una voz.
Marco dio la vuelta, le hacia un signo de la mano un guardián frente el portón de la finca, mejor dicho una finca porque no reconoció esa entrada. Seguía moviendo la mano el tipo, sus labios se movían pero no se oía lo que estaba gritando, algo como “¡Que le vaya bien!” Quizás. Ya había llegado como a unos treinta metros del árbol. Esos animales con sus gritos estridentes no eran cuervos sino como zopilotes pero con ojos amarrillos. Ni le ponían atención, ocupados que estaban de comerse los ojos de la gente ahí colgada. Por la ropa de unos cadáveres suspendidos, supo que eran indígenas, K’ekchies. Muchos K’ekchies. Una mano se puso en su brazo:
- Vámonos, Marco, aquí no hay nada bueno para ti.
- ¿Ana Beatriz, que haces aquí?
Estaba de pie, su largo pelo negro flotando, solo tenía puesto una ropa de dormir. Estaba muy pálida. Marco se asustó:
- Ana ¿Qué haces aquí? respóndeme ¿y porque andas con los pies descalzos? Te vas a enfermar.
Quiso tomarla en sus brazos pero lo rechazo, sus inmensos ojos color café oscuro siempre clavados en la nada y repitiendo otra vez:
- Vámonos, Marco, aquí no hay nada bueno para ti.
- ¿Viste lo que hicieron a esa pobre gente? ¿Quién puede merecer tal suerte?
- Vámonos, Marco, aquí no hay nada bueno para ti, repetía Ana Beatriz, temblando.
- ¿Irnos, que dices, irnos como que no paso nada? ¿Eso propones? gritó Marco.
Se puso a llorar Ana Beatriz:
- Vámonos de aquí, vánanos avisar a la gente, vámonos y les contaremos lo que hemos visto, vámonos Marco.

Caminaron hasta la salida del potrero, en el umbral del bosque, el cielo estaba totalmente negro, la luz gris, pero no llovía todavía. Marco se fijó de nuevo en los pies descalzos de Ana Beatriz:
- No entiendo, murmuraba, no entiendo.
Se quedó horas y horas la mirada pegada a los pies de la joven.
- ¿Horas, sin darme cuenta, como puede ser? Pero seguro que sí, ya estamos llegando al pueblo. ¡Ana, mira, llegamos al pueblo!
Mejor dicho un pueblo porque no reconoció esa aldea. Las calles estaban desiertas. Solo se escuchaba en lo lejano un gallo gritando con voz metálica, oxidada. Pasaron frente una capilla con sus puertas abiertas, con nada adentro, parecía un decoro de cine. Les cruzó una bicicleta pero tan rápido que no pudo ver Marco quien la montaba. Descansaron sentados en unas llantas empiladas frente un pinchazo. Ana Beatriz se puso a gemir:
- Necesito agua, siento que me voy a desmayar.
Marco la miró, con su camisola transparente, se adivinaba sus pequeños pechos, sus nalgas un poco arqueadas y bien firmes.
- ¿Será que es el lugar y el momento para pensar en eso, después de tantos años sin haberme dado cuenta? se preguntó. No te muevas, ahorita te encuentro agua.
Dio la vuelta a la esquina para encontrarse cabal en una tiendita. Había un señor en un rincón como que volando banca, pero medio agachado, no logró distinguir su cara.
- Otro bolo, pensó Marco.
En el mostrador estaban perfectamente alineadas cabezas, recién cortadas. A pesar del pelo pegado a los rostros, Marco reconoció varios: Dominique Gourbeau Velásquez ¿Qué hacia aquí, no había tomado su avión para Europa finalmente? Estaba Buey, no podía ser, lo habían matado frente sus ojos, su propio hermano sospechaba que coqueteaba con su esposa, te imaginas su propio hermano lo hizo matar ¡putos salvajes! Estaba, con los ojos abiertos, Oscar Pérez Caal, el vecino tan amable de Las Lomas del Norte. Se abrió su boca:
- Don Marco, usted ¡no entendió nada, que lastima!
- Es que es demasiado inteligente, puntuó irónicamente la cabeza cortada de Julio Chen Toc.
- No hables así, miijo, no seas grosero, lo regaño otra cabeza.
- Debe ser María Toc Cab, pensó Marco, pero era difícil identificarla por las múltiples heridas que tenía en el rostro.
- ¡Cállense, estúpidos! gritó el hombre del rincón, levantándose. Tenía una pistola en la mano y Marco no fue suficiente rápido para evitar que lo apunte en la frente, entre los dos ojos.
- ¡Triple H, el cuire de Gramajo López! ¿Estas tan bolo que no me reconoces? preguntó Marco
Solo le escupió en la cara antes de gritar más fuerte:
- ¡Claro que te reconozco, metiche, es tan buzo que a todos ustedes les metió en esa mierda, y a mí, bastante buzo que es!
Quitó el seguro del arma:
- ¡Muérete, cabron!

Marco sintió que se mojaban sus pantalones. Abrió los oclayos, le dolía la ñola. Mañana, primera hora, comprar un nuevo colchón.

Como que nunca llegó la primavera este año - 33


El viejo recogió sus cosas o hizo como que estaba, iba a recoger sus cosas, su machete y su morralito. Pero no tenía la fuerza y se dejó caer en la banquita. Le dio una mirada torcida a Don Pedro, un volatín fichudo que acababa encontrar entre dos octavos.
-¿A qué sos alcohólico, vos? ¡Con pistal pero que cabron, estas babando como un zapo!
- Cállate, no ves que estoy concentrado…
- Concentrado de mis huevos, te vas a reventar el frijolito, mi hijo, y que si, el viejo se cayó entre la banca y la pared, donde debían copular las arañas y fermentar viejos escupitajos. Pero ya no decía ni mierda.
- Por fin, suspiró Marco, un poco de silencio, antes de que le llame la atención una pareja que se estaba peleando en una telenovela que hacía temblar el puesto de televisión suspendido al techo por dos cadenas.
Los dos andaban de jeans, él con el bigote y el sombrero tal como se debe y ella con pechos súper aerodinámicos, tal como se debe en ese tipo de drama. Entre los vapores del alcohol, le pareció al detective que el tipo, muy mascado, le dio un chipotazo a la tipa que se cayó en un sofá de muy mal gusto:
-¡Mujer ingrata, cómo pudiste hacerme eso, humillarme de esa manera con gente de mi personal!
- No puede ser que ese sofá sea tan feo, reflexionaba Marco, me recuerda ese centro comercial de la zona 10 ¿cómo se llama? el Templo del Mal Gusto, así debería llamarse.
- ¿Viste la leandra, la viste? preguntó el viejo de nuevo de pie y se rio: ¿Y no sabes lo mejor, mi amiguito, lo mejor? ¡Lo hizo con un indito, un puto indito!
- ¿Qué no sos indito, tu? preguntó Marco, no entiendo.
Miró de nuevo la pantalla: todos, ya dealtiro bolos, estaban hipnotizados por esa pinche historia. Y él, hipnotizado por el espectáculo, reaccionó como la mosca. Si siento que viene aire, mejor me cambio de lugar, quizás me quieren matar. Sin duda era la intención de planazo flojo que pegó su hombro. Dio la vuelta. El viejo ya se había ido otra vez con los ángeles. Se acerco el dueño de la cantina y le dio un buen cuentazo al viejo en la ñola con una bata de baseball donde una inscripción decía “Dios, Familia y Paz”. Vio la mirada de Marco en la bata:
-  Soy evangélico, dijo como para justificarse, se ponen locos con esa telenovela, la miran cien veces al día y cada vez se ponen locos, a saber por qué.
Cambió el canal para un partido de football. Unos clientes empezaron a gruñir pero, bueno, todavía tenía la bata en la mano. Después de dejar unos billetes en una mesita, sin contar, Marco salió en la oscuridad fría y fue a tirarse en la parte trasera del carro que ya tenía alquilado desde, a ver, intento sumar los días en sus dados pero como costaba.


Una semana. Tenía una semana andando por los alrededores de Senahú con esa furgoneta. Solo le agregó un colchón, una estufa de dos fuegos y una mini refri. Le daba gracia: con el pisto del finquero Gramajo, por fin realizaba su sueño de adolescente con tendencias hippies, es decir dar vuelta al mundo con su casa en su carro. Era un primer paso, darle vuelta a esa parte de la Alta Verapaz. Después de elucidar el doble asesinato, quizás con esa experiencia de vago se tomaría la decisión de comprar una de esas furgonetas que puedes modificarlas y… pero, bueno, cada cosa en su momento.
Tenía una semana con su personaje medio turista local medio alcohólico. Funcionaba bien. Claro, un turista es un ingenuo ideal para sacarle papa. Un alcohólico también. Marco iba aprendiendo: entre los imbéciles, nadie se puede imaginar que alguien lo haga a propósito. Y descubriendo que el ser humano, que sea de la ciudad o del campo, con estudios universitarios o analfabeto, siempre se cree más hábil que los demás. Eso es lo más curioso: se cree más atinado pero siempre a la defensiva también. Igual de machos, hombres como mujeres. Y de racistas. Nunca se lo hubiera imaginado el detective que había crecido en la Capital:
- Hasta en las cantinas, mano, hasta ahí maltratan a los indígenas, le comentó por teléfono al Negro. Se meten encima un bolo mestizo y un bolo indígena, y la policía siempre se pone de lado del primero.
- Vos ¿estas de salida o qué? La próxima, te invito en cualquier bar de Bocas del Monte o de Villa Canales, son igual de plomosos, esos mestizos que se creen superiores a los indios. Iguales de ignorantes y de pelados, pero se creen como la gran puta, no lo puedes entender, mano. Y hay más, indígenas, que vienen de sus comunidades, más indígenas no se puede, y gritando la gran mierda que son los inditos. Estamos enfermos, mano, enfermos.
- Entonces, no.
- ¿No, qué?
- Cuando regreso, seguimos jugando póquer en mi casa. Regalo la Etiqueta.
- Ok, buen argumento. Deja Bocas del Monte y toda esa mierda de frustrados sociales. ¿Cuándo regresas, entonces?
- En unos días, te llamo.


Lo bueno es que le había crecido más la barba y el pelo, era totalmente imposible reconocerlo. En una semana había encontrado de todo. Incluso verdaderos turistas, una pareja de españoles, más bien de catalanes porque sino como se ofenden, de la misma generación que Marco, unos treinta y pico. Pasaron el día junto, paseando por lugares banales pero que a ellos les parecía el tope del exotismo. Marco hacia de guía, ya que se conocía cada día más la epopeya de la Verapaz con el reino k’ekchi’, Bartolomé de Las Casas, los Alemanes, el café, el chipichipi, el quetzal, y más café, más café. Se tomaron unas copas, de cerveza no de café, en uno de las cantinas más sórdidas que había descubierto últimamente el detective a la salida de Senahú para el norte. Les encantó. También les encantó el colchón en la furgoneta donde terminaron en un trió donde Marco se preocupaba hacerlo sin condón pero feliz darse cuenta que entendía perfectamente el catalán:
-  ¡Molt fort! ¡Molt fort! gritaba la mujer.
Pero no es ese tipo de encuentro casual que hizo avanzar la investigación. Se recordaba Marco de cuando compartió su duda con El Diplomático del interés que podía tener para la gente por un crimen cometido un año antes. Ese último fue categórico:
-  La sangre se seca pero lo morboso nunca. Le gusta a la gente, no creas. Y si pasó de qué ratos se van inventando cosas pero hablan más, se sienten más seguros. Luego, claro, te toca a ti hacer la diferencia entre memoria e imaginación.
Una vez más, tenía toda la razón el amigo. Solo costaba arrancar dando unas explicaciones de quién soy y que hago aquí y quien sea ya no paraba. Todos lo sabían todo sobre ese doble crimen, y siempre un poco más.


Un encuentro que si lo ayudó mucho fue cuando se chocó accidentalmente con Julio Chen Toc a la salida de una ferretería donde no había encontrado lo que buscaba. Al joven se le cayó los libros y documentos que andaba cargando, Marco las recogió, quitándoles el polvo de encima:
-  No se moleste tanto, señor, por favor, reaccionó el patojo.
El detective miró su reloj, ya casi la 1:00 de la tarde:
-  Como disculpas, lo invito a almorzar ¿qué dice?
- Me parece excelente.
Un joven muy interesante, este Julio, estudiando gestión de empresas en la Landivar en Cobán y, se tardo media hora Marco para entenderlo, hijo de Jacobo y de María ¡respectivamente el contable y una de las encargadas de la casa principal de Las Lomas del Norte! Cuando se le preguntó sobre el doble asesinato, demostró de que no tener mucha experiencia en investigación policiaca no detenía su capacidad imaginativa:
- Posibilidades, hay un montón. Claro, el narcotráfico. ¿Todos comentaron que nada que ver pero no puede ser que meta la pata un capo, que sea una vez? Otra cosa, el pasado, la masacre de la aldea en los años 80, todos sabemos que tuvo que ver el Don con eso, unos cuentan que dio los nombres a los militares.
- Pero, perdona lo que voy a decir, pero les exterminaron, todos…
- Si, así es, pero dicen que había un listado de unos once nombres, de supuestos cómplices de la guerrilla, y luego se les fue la mano y no quedo nadie. Bueno, puede ser también por razones políticas, un lio de faldas, o por pura envidia, o solo para molestar.
- ¿Tu matarías dos personas solo para hacer malobra?
Se río Julio:
-¡Yo no, pero muchos si, por eso prefiero irme cuando pueda!
- ¿A dónde si se puede saber?
- Gringolandia, donde ya se encuentra más de millón de chapines que prefieren tomarse riesgos para vivir mejor que vivir de la caza y de la pesca, aguantarse familiares y vecinos que ni tienen la cortesía esconder la rabia que les da que otra persona logre sus objetivos y se sienta feliz.
- ¿Así que mejor jugar al gato y el ratón con los polacos gringos con la posibilidad de que te deporten que tratar hacer algo en tu comunidad o tu barrio?
- Para mí, está claro, al final es menos deprimente.
Marco no sabía que responder. Vivía de poco, unos trabajitos, unos cuates, el póquer, internet y unos libros y ya, nada de darse la grande, tranquilo.
-¿Sabes que, Julio?
- Dígame.
- Ni sé si tendría el valor meterme en ese rollo, cruzar el desierto, los coyotes, la aduana, esconderse, ser ilegal…
- Por eso le digo: si se meten tantos, una vez y otra vez, es que acá está bien jodido. Podría ser pifia también, pura pifia.
- ¿Como así? preguntó el detective. No te entiendo, dices que y luego…
- Perdone, míster, bromeó el chavo, es que estaba pensando en el crimen de Las Lomas.
- Colosal, una pifia colosal, pues.
- A mi no me sorprendería, insistió Julio, todos chapucean, los políticos, los albañiles, los académicos ¿Por qué no los matones?
- Esta bueno el análisis pero un poco generalizado ¿no crees?
- Puede ser, Don Pedro, claro ¿pero los jóvenes como vamos a sobrevivir si no podemos generalizar?
- Este güiro es un genio, pensó Marco, espero que logre salir de acá.


Le dio muchas vueltas al asunto, lo conversado con el joven Julio. No es que le hubiera dado una nueva información o una nueva luz sobre el doble asesinato. Lo que perturbaba a Marco es que efectivamente, para resumirlo así ¿para que buscar une explicación profesional donde todos son aficionados? ¿Para qué tratar explicar un crimen por la razón si lo cometieron en un país de locos? Sin embargo ¿cómo se hace eso de investigar de manera no científica? Lo pensó y lo repensó y como a las 3:00 de la mañana, mientras no paraba el chipichipi sobre la chapa de la furgoneta, ya tenía inventado un nuevo método: inmersión y olfato, empaparse del ambiente y dejar la nariz hacer el resto. Se río solo, apago la lamparita, y se río otra vez en la oscuridad:
- ¡Si seguimos así, dentro de poco les inventamos la investigación por telepatía!

Como que nunca llegó la primavera este año - 32

Citas y reuniones, Marco tuvo un montón. Pero no se presentaba el chance que él esperaba, según “el Plan”. Eso, hasta su encuentro con Alejandra Perdomo Sáenz, más de una semana después de haber llegado en la capital k’ekchi’. Cabal era de esas rocolas que le caían mal, que nunca trabajaron de su vida, fruto de un casamiento de interés donde una de las grandes familias viene a salvar, no lo dicen pero lo piensan, de otra amenazada por la bancarrota. Y además viuda, es decir sola, y a la merced de unos zopilotes, llamados abogados-notarios en lengua oficial. Pero simpática, cuando le dijo:
- ¿Sabe usted, no soy nada más que una de esas viudas que nunca trabajaron y un día se encuentran solas con un montón de buitres que se quieren aprovechar de su ingenuidad, para decirlo así, me entiende?
Le llamó la atención a Marco la sinceridad de la vieja, y el hecho que vendía una finca arriba de Senahú, la finca arriba de Senahú. Por fin… bueno, de hecho, le había costado solo una semana de citas donde lo dejaron varias veces plantado y unas reuniones con estafadores. Se juró regalarle al Diplomático una caja de Etiqueta Negra, y otra para sí mismo por nunca haber dudado de su información. Se sentía muy bien:
- Que bueno cuando las cosas van según el plan previsto, pensó, lo que no ocurre muy a menudo, pues.
Y que fácil: esa señora no sabía mucho más que él en cuanto al cultivo de café y todo lo que tiene que ver con el tema.

Se pusieron de acuerdo que se iban a juntar el sábado para ir a visitar la finca El Paraíso. Así que después de un viernes pasado en la cama a dar vuelta al asunto, Marco tenia la chispa máxima cuando se encontró con Alejandra Perdomo Sáenz esperándolo a la par de su 4x4, una Land Rover de saber que milenio que se merecía un lugar en un museo. Se río la señora:
-  No tenga malos pensamientos, señor Arriola, ese vehículo se parece a mí, tiene recursos inimaginables…
Se le quitó definitivamente la duda al detective cuando llegaron a la entrada de Senahú a como 150 kph.
- ¿Usted se preguntara si fui piloto de Fórmula 1? Preguntó  ella.
- Mire, Doña Alejandra ¿puedo llamarla así?
- Por favor, Don Pedro.
- Mire, sin ofender, estaba pensando en algo parecido.
- No hay ofensa, mi estimado, no hay ofensa. Si usted me estaba imaginando manejando en un rally, pues fíjese que no está muy lejos de la realidad.
Mirando con ironía la cara sorprendida del Marco, agregó en un suspiro nostálgico:
- Solo que fue hace medio siglo, como corre el tiempo ¡increíble!

Llegaron a la finca El Paraíso a mediodía. Después de cruzar unos kilómetros de selva, un camino de terracería bordado por dos inmensos potreros llevaba hasta un portón majestuoso y sus guachimanes, la casa de los dueños con sus dependencias, los depósitos de agua, las bodegas y los talleres. Y estaba el personal indígena trabajando por todas partes. Marco pensó que todos los beneficios de café se parecen, al final.
- ¿Le gusta las flores? preguntó Doña Alejandra.
Se dio cuenta Marco que, a diferencia de otras fincas que había visitado en esos últimos días, esa estaba literalmente invadida de flores. No sabía mucho sino nel pastel de flores pero se quedó boca abierta de los centenares de orquídeas salpicando el lugar.
- Que belleza, comentó. Y era sincero.
También le sorprendió agradablemente la bienvenida que le dieron los empleados, las señoras de la limpieza, hasta los guardianes. Nada que ver con la relación que tenía el propietario de Las Lomas del Norte con la gente local. Se imaginó cuando llegaba Carolina Menéndez de Gramajo en esa finca, que la recibían con mucho afecto, sentimientos, y por ende respeto. No el respeto obligatorio al patrón, el respeto para alguien que respeta a los demás. Doña Alejandra le presentó cada persona, siempre con un cumplido sobre cada una. Se acercó una señora de tanta edad que se hundían sus ojos entre sus arugas. Se abrazaron tan efusivamente que Marco se sintió indiscreto:
- Por favor, acérquese jovencito. Doña Matilde, este es Pedro, no es lo que parece, es buena gente, se lo puedo asegurar.
El detective sintió un gran malestar a la vista de las lágrimas discretas en los rostros de las dos ancianas, tan diferentes, tan diferentes a parte de esas lágrimas, las mismas, de pura felicidad por encontrarse.
- Perdone tanta emoción frente un desconocido, Don Pedro, fíjese que esa mujer es la mujer que me dio luz, ella me confiero mi nahual, tenemos el mismo, pero es un secreto, usted sabe, dijo poniendo su indexo en sus labios.
- ¿Nahual? se preguntó Marco. Tengo que consultar el amansaburros más tarde.
- Si voy bien con las cuentas, tiene más de cien años Doña Matilde ¿así es?
- ¡Hiiii, mucho más, mucho más! se exclamó la comadrona. Pero usted hace bien no revelar la edad de una chica a un patojo que saber por dónde y con quien estuvo andando.
Y las dos viejitas muertas de la risa, de tanta risa que Marco se temó de que habían elegido ese momento preciso para un infarto compartido.

Pasaron el día domingo visitando la finca. A Marco le sirvió mucho lo que le había enseñado la gente de Las Lomas del Norte, más que todo cuando las discusiones se ponían muy técnicas. Estaba avergonzado de engañar a esa mujer tan simpática, generosa. Pero había que seguir el plan sea lo que sea. Dieron una vuelta en tres caseríos donde vivían los trabajadores del beneficio con sus familias. Por todas partes, los k’ekchies acogían a Doña Alejandra con mucho cariño. Se lo comentó ella en el camino de regreso al caso de la finca:
- No se equivoque, mí estimado Pedro, mi esposo les trataba como animales y nunca tuve yo que involucrarme directamente en la gestión de la propiedad, la producción y menos con la gente que trabaja aquí. Usted sabe como es la gente, lo básico que necesita… entonces, el era el malo, y yo la buena.
- ¿Qué tanto la molesta ser la buena? respondió impertinente Marco.
- Señorito insolente, no me molesta eso. Me preocupa que la gente no… mejor dicho sé que he vivido toda mi vida, y vivo muy bien, del sudor de esa gente que me quiere tanto.
- Nadie es perfecto…
- Nunca había escuchado una banalidad tan cercana a la realidad.
- Esta bien enojada la señora, pensó, con sí misma. ¿Para qué tener tanta experiencia, entonces? dime.

Como que nunca llegó la primavera este año - 31

Las dos semanas en Monterrico pasaron muy rápido, finalmente. Fue tiempo suficiente para que Marco salga de ahí moreno y barbudo, con unos kilos más y pelo bien cortadito. Si ponía los chayes medio-oscuros, era imposible reconocerlo. Como ya tenía todo planificado cuando salió de Ciudad de Guatemala, se la pasó como que de verdaderas vacaciones, coqueteando con turistas gringas de más edad que él, abordándolas siempre con el mismo discursito:
- ¿Me llevaría usted en su valija de vuelta a su país? no ocupo mucho espacio…
En unas oportunidades, la historia hubiera podido terminar o empezar en la cama pero Marco le ponía un alto al juego cabal a la entrada de la habitación de la señora. Porque era solo un juego, nada de ir a embarazar la hija de Donald Trump, por ser demasiado conservador el dadi, ni tampoco recuperar unos bubones de una enfermedad exótica de Texas o Dakota. Con el canal 29, Marco se quedaba feliz.


De hecho, en realidad, no fue dos semanas sino un mes de descanso que se tomó el dichoso, si incluyamos el viaje desde Monterrico hasta Cobán, pasando por Tapachula, tan sórdida como la tenía en su recuerdo de veinte años antes, el DF, tan contaminado en ciertas zonas que ni puedes respirar, Chetumal, siempre ininteresante, unos días para ver Tikal, como no señor si usted se lo puede permitir. Si no tomamos en cuenta que casi se cayó de la terraza del Templo V por hacer el payaso frente un grupo de turistas japonesas, todo estuvo perfecto. Es que Marco hubiera podido pasarse la vida entera en los pulman mexicanos, tan le gustaba viajar con ese medio. Por el buen estado de las autopistas donde se deslizaba el vehículo, no como Guate que tienes la impresión ser un paquete. También por la correspondencia total entre el número de asientos y el número de viajeros que dejan subir, así que no tienes que aguantarte estar de pie en la fila del medio durante todo el viaje y agacharte cada vez que cruzan un control policiaco, como en Guate. También el comportamiento respetuoso de los choferes que te saludan, manejan con cuidado (bueno, no siempre) y no imponen a todo volumen sus gustos musicales personales, como en Guate. También puedes conocer a gente nueva, hasta interesante a veces, con quien compartir conversación y comida y no pasarte todo el viaje espiado por miradas de reojo, como en Guate. También no vas a tener que ver gente tirando pañales con mierda, botes de cheve o huesos de pollo por la ventana porque el planeta tiene que ser como mi casa, un basurero, como en Guate. Sea dicho de paso, a pesar de todo, el pasaporte, un verdadero pasaporte falso, que Marco recogió en Tapachula, era guatemalteco. Ahora Marco se llamaba Pedro, Pedro Arriola, y la foto se parecía mucho: un gordito moreno con barba, pero sin chayes porque ya los prohibió Tío Sam por si se escondería un terrorista musulmán atrás.
Así que llegó feliz a Cobán y no con tantas ganas de trabajar. Se instaló en Los Fanales, un lugar sin mucha personalidad, salvo que parece natural que alguien buscando una finca para comprar se quede en el hotel más caro de la ciudad ¿no? Marco no tenía mucha idea de los criterios para elegir un beneficio de café pero era parte del plan. Muy poca gente no cae en la trampa de quien se hace pasar por un imbécil, porque muy poca gente tiene esa capacidad: parecer más estúpida de lo que es en realidad. Digamos: voluntariamente. Solo platicando por aquí y por allá, ya tenía dos citas previstas para el viernes, a penas cuarenta y ocho horas después de su llegada en la capital k’ekchi.


La primera era a la hora del almuerzo con un tal Pascual Ospina Monroy, en un restaurante frente el hotel. El tipo, bajito, con pantalones tocando acordeón y afeitado con machete, llegó con casi una hora de atraso. Ni se disculpó. De entrada, le cayó mal a Marco. Pero dependía más que todo de donde se ubicaba la propuesta:
- Fíjese, uste, que esa finca la tenemos en la familia desde tres generaciones. Pero se fue creciendo, comprando cuando había chance. La última vez fue hace siete años con diez y seis manzanas. Así que ahora tiene sus dos caballerías y medio ¿nada mal, que le parece?
- Es una propiedad grande ¿tiene nacimientos de agua?
- Como no, tiene seis, también una catarata, produce su propia energía eléctrica con un molino de agua.
No lo quiso mostrar pero el detective se quedo friqueado por la idea y se le escapó una exclamación:
- ¡Qué bien, la autonomía total, su propia agua y su propia luz!
Su interlocutor lo miró con cara de quien se está preocupando de donde sale este payaso. Pero no importaba. Ahora la pregunta de las preguntas:
- ¿Dónde se encuentra esa belleza?
- A ver, le hago uno su planito.
Agarró una toallita de papel y empezó dibujando:
- Es fácil. ¿Uste conoce a Fray, Fray Bartolomé de las Casas?
Marco respondió cortésmente que más o menos a pesar de que esa zona no tenía nada que ver con lo que le interesaba a él. A partir de ese momento escuchó a Ospina Monroy solo con un oído, asentía de vez en cuando de un gesto de la cabeza. El precio estaba totalmente exagerado y no quedaba bien claro quién era el dueño de esa belleza. Sin embargo, le llamó la atención cuando el otro comento que la región de Fray era tranquilla, no como Senahú:
- ¿Y eso? cuestionó Marco.
- ¿No escuchó uste lo de Senahú, bueno ahí un poco más arriba de Senahú, hace ya unos meses?
- Pues no ¿qué paso?
- Un doble asesinato, la esposa de un finquero y su administrador. Les torturaron y luego les ejecutaron.
- ¿Y se sabe quién es? preguntó Marco.
- Mire, todo esa cuenca del Polochic es un lio, todo es político.
- ¿Cómo así?
- Digamos que es como que sigue la guerra, por un lado los militares, por el otro los ex guerrilleros, los ixtos entre ellos, y sus tierras, claro.
-¿Quieren sus tierras dice usted?
- No es tanto que las quieren pero delimiten sus territorios, parece guerra, como antes.
- ¿Entonces, ese doble crimen que me contaba usted?
- Los ixtos, los ixtos, seguro. Chucho no come chucho, uste lo sabe muy bien. Quieren la revancha. Asusta, claro, pero mire uste, si lo humillan, lo explotan así, desde siempre, un día se enoja uno ¿no cree uste? Me asusta pero entiendo que el rollo no puede ser otro.
El detective, en un primer momento sorprendido por esa nueva hipótesis, la descartó rápido. No era una probabilidad sino solo las fantasías de un racista.
- Racista y liso de ni disculparse a pesar de llegar con no se cuanto tiempo de atraso, masculló Marco.


La segunda cita lo tomó también por sorpresa pero por otra razón. Tenía que encontrarse con un tal Dominique Gourbeau Velásquez a las 7:00 de la noche en el bar de Los Faroles. Llegó un poco antes para gozar tranquilamente de un whisky seco y dar una ojeada a la prensa del día. No tan  tranquilamente porque ya estaba instalado un grupo de turistas españoles cuya principal característica no era la discreción. Poco antes de las 7:00 entró una mujer de unos treinta años, elegante con un vestido rojo seguramente de ejecución italiana y un corte de pelo recordándole a Marco Juana de Arco. A pesar de la atracción que sintió Marco por esa aparición un poco a fuera de contexto, se sumó en la lectura de los últimos acontecimientos en cuanto a crímenes, robos, secuestros, corrupción, malversaciones, bueno, lo de siempre y de cada día en nuestra querida prensa nacional. Pero tuvo que emerger de nuevo cuando escuchó los pasos de la mujer acercándose. Levantó la cara, no solo lo estaba mirando sino que también le hablaba:
- Perdone la molestia ¿usted es el señor Pedro Arriola Santos?
- Así es, respondió el detective ya de pie y ofreciendo a la desconocida que tome asiento en el otro sillón: por favor…
- Un gusto, dijo ella, con una mano firme como hierro recién fundido.
- ¿Y con quien tengo el gusto? si me permite preguntar. Vos, cuando te paras hacer el ridículo, avísame, pensó.
- Soy Dominique Gourbeau Velásquez, respondió con una discreta sonrisa.
- Es que… balbuceó Marco.
- No se preocupe, le comentó la mujer siempre con la sonrisita, estoy acostumbrada. Llámeme Dominique, será suficiente…
- ¿Sabes que, vos? pensó Marco, ya no sos ridículo sino que totalmente estúpido...


Mientras la señora Gourbeau Velásquez pedía un té de manzanilla, Marco trataba entender quien tenía al frente. Así, a grandes rasgos, de origen francesa y española, con papa y educación. El objeto de su estudio sumario lo interrumpió en pleno análisis:
- No se preocupe, repitió, entiendo que se sienta en apuro. De hecho, mi nombre es masculino y femenino, así es. Y no creo que usted sea de esos profesionales que tienen capacidades particulares para identificar rápidamente con quien tienen el gusto…
A la defensiva, el detective preguntó:
-¿En qué sentido?
- El vestido, la manera de hablar, de moverse, no sé, dicen que en Estados Unidos, la policía tiene psicólogos que pueden detectar si alguien miente solo por la posiciones de su cuerpo, el movimiento de sus ojos y de sus manos…
A Marco le hizo gracias esa mujer con tanta imaginación que no estaba muy lejos de la verdad:
- ¡No, no soy policía, gracias a Dios! Pero a mí también me gusta leer novelas policiacas.
Los dos se rieron como que si se conocían desde mucho. La señora Gourbeau probó su te antes de colocar su tasa en la mesa baja:
- Muy caliente, voy a esperar un poco. Entonces, señor Arriola ¿usted está en búsqueda de un finca de café?
- Efectivamente, recibí una herencia y amigos míos me aconsejaron invertir en ese tipo de actividad.
- ¡Que coincidencia! Fíjese que la finca que tengo a la venta es herencia de un familiar que desapareció hace poco.
- Todo mi pésame…
- Gracias pero por favor no tenga esa cara dramática, la recibí de un tío que nunca tuve el honor de conocer. No vivo en Guatemala, precisó ella. Un gabinete de abogados de la Capital maneja el asunto pero, otra coincidencia, estoy de paso en Cobán y tenia curiosidad encontrarlo.
Marco se quedó mudo, no sabía cómo reaccionar.
- Y sin ser psicóloga ni policía, me parece que usted no sabe mucho más de café que yo.
Se rieron tanto que los españoles ruidosos se callaron unos minutos.


Al final de cuenta, la señora Gourbeau Velásquez y el señor Arriola Santos hablaron de todo, de la crisis internacional, de Sherlock Holmes, de la existencia real o no del quetzal, de su desinterés reciproco para el football, de los impresionistas y del surrealismo, de volcanes y lagos. Se rieron de todo menos del café. Por no mencionarlo ni una vez. Cuando se separaron, quizás porque sintió que Marco se iba a atrever a proponerle algo, ella lo saludó fríamente:
- Fue un verdadero gusto compartir ese momento con usted, pero tengo que acostarme temprano, tengo mi avión para Europa mañana a medio día


De regreso en su habitación, Marco pensó que tenía que tener paciencia. Su plan era bueno, su información más que valida, solo había que tener paciencia.