La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 33


El viejo recogió sus cosas o hizo como que estaba, iba a recoger sus cosas, su machete y su morralito. Pero no tenía la fuerza y se dejó caer en la banquita. Le dio una mirada torcida a Don Pedro, un volatín fichudo que acababa encontrar entre dos octavos.
-¿A qué sos alcohólico, vos? ¡Con pistal pero que cabron, estas babando como un zapo!
- Cállate, no ves que estoy concentrado…
- Concentrado de mis huevos, te vas a reventar el frijolito, mi hijo, y que si, el viejo se cayó entre la banca y la pared, donde debían copular las arañas y fermentar viejos escupitajos. Pero ya no decía ni mierda.
- Por fin, suspiró Marco, un poco de silencio, antes de que le llame la atención una pareja que se estaba peleando en una telenovela que hacía temblar el puesto de televisión suspendido al techo por dos cadenas.
Los dos andaban de jeans, él con el bigote y el sombrero tal como se debe y ella con pechos súper aerodinámicos, tal como se debe en ese tipo de drama. Entre los vapores del alcohol, le pareció al detective que el tipo, muy mascado, le dio un chipotazo a la tipa que se cayó en un sofá de muy mal gusto:
-¡Mujer ingrata, cómo pudiste hacerme eso, humillarme de esa manera con gente de mi personal!
- No puede ser que ese sofá sea tan feo, reflexionaba Marco, me recuerda ese centro comercial de la zona 10 ¿cómo se llama? el Templo del Mal Gusto, así debería llamarse.
- ¿Viste la leandra, la viste? preguntó el viejo de nuevo de pie y se rio: ¿Y no sabes lo mejor, mi amiguito, lo mejor? ¡Lo hizo con un indito, un puto indito!
- ¿Qué no sos indito, tu? preguntó Marco, no entiendo.
Miró de nuevo la pantalla: todos, ya dealtiro bolos, estaban hipnotizados por esa pinche historia. Y él, hipnotizado por el espectáculo, reaccionó como la mosca. Si siento que viene aire, mejor me cambio de lugar, quizás me quieren matar. Sin duda era la intención de planazo flojo que pegó su hombro. Dio la vuelta. El viejo ya se había ido otra vez con los ángeles. Se acerco el dueño de la cantina y le dio un buen cuentazo al viejo en la ñola con una bata de baseball donde una inscripción decía “Dios, Familia y Paz”. Vio la mirada de Marco en la bata:
-  Soy evangélico, dijo como para justificarse, se ponen locos con esa telenovela, la miran cien veces al día y cada vez se ponen locos, a saber por qué.
Cambió el canal para un partido de football. Unos clientes empezaron a gruñir pero, bueno, todavía tenía la bata en la mano. Después de dejar unos billetes en una mesita, sin contar, Marco salió en la oscuridad fría y fue a tirarse en la parte trasera del carro que ya tenía alquilado desde, a ver, intento sumar los días en sus dados pero como costaba.


Una semana. Tenía una semana andando por los alrededores de Senahú con esa furgoneta. Solo le agregó un colchón, una estufa de dos fuegos y una mini refri. Le daba gracia: con el pisto del finquero Gramajo, por fin realizaba su sueño de adolescente con tendencias hippies, es decir dar vuelta al mundo con su casa en su carro. Era un primer paso, darle vuelta a esa parte de la Alta Verapaz. Después de elucidar el doble asesinato, quizás con esa experiencia de vago se tomaría la decisión de comprar una de esas furgonetas que puedes modificarlas y… pero, bueno, cada cosa en su momento.
Tenía una semana con su personaje medio turista local medio alcohólico. Funcionaba bien. Claro, un turista es un ingenuo ideal para sacarle papa. Un alcohólico también. Marco iba aprendiendo: entre los imbéciles, nadie se puede imaginar que alguien lo haga a propósito. Y descubriendo que el ser humano, que sea de la ciudad o del campo, con estudios universitarios o analfabeto, siempre se cree más hábil que los demás. Eso es lo más curioso: se cree más atinado pero siempre a la defensiva también. Igual de machos, hombres como mujeres. Y de racistas. Nunca se lo hubiera imaginado el detective que había crecido en la Capital:
- Hasta en las cantinas, mano, hasta ahí maltratan a los indígenas, le comentó por teléfono al Negro. Se meten encima un bolo mestizo y un bolo indígena, y la policía siempre se pone de lado del primero.
- Vos ¿estas de salida o qué? La próxima, te invito en cualquier bar de Bocas del Monte o de Villa Canales, son igual de plomosos, esos mestizos que se creen superiores a los indios. Iguales de ignorantes y de pelados, pero se creen como la gran puta, no lo puedes entender, mano. Y hay más, indígenas, que vienen de sus comunidades, más indígenas no se puede, y gritando la gran mierda que son los inditos. Estamos enfermos, mano, enfermos.
- Entonces, no.
- ¿No, qué?
- Cuando regreso, seguimos jugando póquer en mi casa. Regalo la Etiqueta.
- Ok, buen argumento. Deja Bocas del Monte y toda esa mierda de frustrados sociales. ¿Cuándo regresas, entonces?
- En unos días, te llamo.


Lo bueno es que le había crecido más la barba y el pelo, era totalmente imposible reconocerlo. En una semana había encontrado de todo. Incluso verdaderos turistas, una pareja de españoles, más bien de catalanes porque sino como se ofenden, de la misma generación que Marco, unos treinta y pico. Pasaron el día junto, paseando por lugares banales pero que a ellos les parecía el tope del exotismo. Marco hacia de guía, ya que se conocía cada día más la epopeya de la Verapaz con el reino k’ekchi’, Bartolomé de Las Casas, los Alemanes, el café, el chipichipi, el quetzal, y más café, más café. Se tomaron unas copas, de cerveza no de café, en uno de las cantinas más sórdidas que había descubierto últimamente el detective a la salida de Senahú para el norte. Les encantó. También les encantó el colchón en la furgoneta donde terminaron en un trió donde Marco se preocupaba hacerlo sin condón pero feliz darse cuenta que entendía perfectamente el catalán:
-  ¡Molt fort! ¡Molt fort! gritaba la mujer.
Pero no es ese tipo de encuentro casual que hizo avanzar la investigación. Se recordaba Marco de cuando compartió su duda con El Diplomático del interés que podía tener para la gente por un crimen cometido un año antes. Ese último fue categórico:
-  La sangre se seca pero lo morboso nunca. Le gusta a la gente, no creas. Y si pasó de qué ratos se van inventando cosas pero hablan más, se sienten más seguros. Luego, claro, te toca a ti hacer la diferencia entre memoria e imaginación.
Una vez más, tenía toda la razón el amigo. Solo costaba arrancar dando unas explicaciones de quién soy y que hago aquí y quien sea ya no paraba. Todos lo sabían todo sobre ese doble crimen, y siempre un poco más.


Un encuentro que si lo ayudó mucho fue cuando se chocó accidentalmente con Julio Chen Toc a la salida de una ferretería donde no había encontrado lo que buscaba. Al joven se le cayó los libros y documentos que andaba cargando, Marco las recogió, quitándoles el polvo de encima:
-  No se moleste tanto, señor, por favor, reaccionó el patojo.
El detective miró su reloj, ya casi la 1:00 de la tarde:
-  Como disculpas, lo invito a almorzar ¿qué dice?
- Me parece excelente.
Un joven muy interesante, este Julio, estudiando gestión de empresas en la Landivar en Cobán y, se tardo media hora Marco para entenderlo, hijo de Jacobo y de María ¡respectivamente el contable y una de las encargadas de la casa principal de Las Lomas del Norte! Cuando se le preguntó sobre el doble asesinato, demostró de que no tener mucha experiencia en investigación policiaca no detenía su capacidad imaginativa:
- Posibilidades, hay un montón. Claro, el narcotráfico. ¿Todos comentaron que nada que ver pero no puede ser que meta la pata un capo, que sea una vez? Otra cosa, el pasado, la masacre de la aldea en los años 80, todos sabemos que tuvo que ver el Don con eso, unos cuentan que dio los nombres a los militares.
- Pero, perdona lo que voy a decir, pero les exterminaron, todos…
- Si, así es, pero dicen que había un listado de unos once nombres, de supuestos cómplices de la guerrilla, y luego se les fue la mano y no quedo nadie. Bueno, puede ser también por razones políticas, un lio de faldas, o por pura envidia, o solo para molestar.
- ¿Tu matarías dos personas solo para hacer malobra?
Se río Julio:
-¡Yo no, pero muchos si, por eso prefiero irme cuando pueda!
- ¿A dónde si se puede saber?
- Gringolandia, donde ya se encuentra más de millón de chapines que prefieren tomarse riesgos para vivir mejor que vivir de la caza y de la pesca, aguantarse familiares y vecinos que ni tienen la cortesía esconder la rabia que les da que otra persona logre sus objetivos y se sienta feliz.
- ¿Así que mejor jugar al gato y el ratón con los polacos gringos con la posibilidad de que te deporten que tratar hacer algo en tu comunidad o tu barrio?
- Para mí, está claro, al final es menos deprimente.
Marco no sabía que responder. Vivía de poco, unos trabajitos, unos cuates, el póquer, internet y unos libros y ya, nada de darse la grande, tranquilo.
-¿Sabes que, Julio?
- Dígame.
- Ni sé si tendría el valor meterme en ese rollo, cruzar el desierto, los coyotes, la aduana, esconderse, ser ilegal…
- Por eso le digo: si se meten tantos, una vez y otra vez, es que acá está bien jodido. Podría ser pifia también, pura pifia.
- ¿Como así? preguntó el detective. No te entiendo, dices que y luego…
- Perdone, míster, bromeó el chavo, es que estaba pensando en el crimen de Las Lomas.
- Colosal, una pifia colosal, pues.
- A mi no me sorprendería, insistió Julio, todos chapucean, los políticos, los albañiles, los académicos ¿Por qué no los matones?
- Esta bueno el análisis pero un poco generalizado ¿no crees?
- Puede ser, Don Pedro, claro ¿pero los jóvenes como vamos a sobrevivir si no podemos generalizar?
- Este güiro es un genio, pensó Marco, espero que logre salir de acá.


Le dio muchas vueltas al asunto, lo conversado con el joven Julio. No es que le hubiera dado una nueva información o una nueva luz sobre el doble asesinato. Lo que perturbaba a Marco es que efectivamente, para resumirlo así ¿para que buscar une explicación profesional donde todos son aficionados? ¿Para qué tratar explicar un crimen por la razón si lo cometieron en un país de locos? Sin embargo ¿cómo se hace eso de investigar de manera no científica? Lo pensó y lo repensó y como a las 3:00 de la mañana, mientras no paraba el chipichipi sobre la chapa de la furgoneta, ya tenía inventado un nuevo método: inmersión y olfato, empaparse del ambiente y dejar la nariz hacer el resto. Se río solo, apago la lamparita, y se río otra vez en la oscuridad:
- ¡Si seguimos así, dentro de poco les inventamos la investigación por telepatía!