La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 19

Después del día sábado, viene el día domingo. Siempre fue así. Y el domingo no se llama la gente a las 8:00 de la mañana, salvo en caso de emergencia, según la opinión de Marco. Seguramente razón por la cual, lo primero que hizo Don Gramajo López fue disculparse de que no había podido llamarlo antes. A la pregunta que le hizo de si habían previsto salir por la región, respondió que prefería quedarse en la finca. Evitando así el tema delicado de donde podía encontrarse ese TripleH que había desaparecido sin dar noticias desde el viernes. En cambio, decidió ir al grano sobre el móvil del doble asesinato cuando lo cuestionó el finquero:
-  ¿Logró avanzar un poco en el tema que nos interesa a pesar de este fin de semana?
- Mire, no mucho por el poco tiempo que tengo aquí, claro. Sin embargo, no sería tan afirmativo en cuanto a la responsabilidad tal como lo fue la prensa, o las mismas autoridades.
- ¿En qué sentido?
- No me parece obvio que esa gente tenga mucho interés tener un corredor por aquí, tampoco almacenes por la misma razón, respondió de manera concisa Marco. Por la organización geográfica que manejan hasta la fecha. El relieve de la zona tampoco no se presta a una vía de transito, y de salida, insistió en la palabra salida. Existe otros valles más adecuados para ese fin.
- ¿Usted tiene otra tesis?
- Por el momento, no. Por eso, no quiero todavía aventurarme más de lo poco que acabo decirle, respondió Marco. Aprovecho la oportunidad: ¿usted mismo tendrá sospechas en otro ámbito?
- No, no, solo la duda que las cosas sean así tan simples. Pero que bien, que bien, susurró Don Gramajo López.
- ¿Qué bien? interrogó Marco sorprendido.
- Quiero decir, es precisamente para ir investigando la certeza del móvil que lo contrate ¿no?
- Efectivamente, confirmó el detective.
- Bueno, mi estimado Marco, lo dejo trabajar. Yo mismo tengo varios asuntos que atender, también un domingo, a pesar de todo, suspiro el finquero.
Intercambiaron las tradicionales formulas de cortesía y colgaron. Ni se tomó el lujo responderme sobre sus sospechas, pensó Marco.


Se temía que su domingo se parezca en todo a su sábado. Con dos excepciones: Guillermo Cahuec Cu había reemplazado a Juan Francisco Chub Caal para vigilar el portón, y encontró a Margarita Chub Caal al lugar de María Toc Cab en la cocina. Mientras Marco tomaba su desayuno, esa última lo pregunto de si tenía ya unas ideas para la remodelación del casco de la finca.
-  La verdad es que me cuesta un poco concentrarme en mi tema, sabiendo lo que paso aquí ni hace dos semanas, respondió.
Saboreo el mosh de plátano con azúcar y el gran plato de frutas frescas que le había preparado Margarita a su demanda: papaya, melón, piña y sandia. Y se tomó tres tazas de ese excelente expreso, que ya sabía que lo iba a extrañar el día que se iría de ese lugar.
-  ¡Que rico ese café, podría tomarme litros!
- Mire, Don Marco, los narcotraficantes no tienen nada que ver con lo que usted hacía referencia, dijo Margarita.
- No dije eso, protestó Marco.
- ¡Jajaja! se río la mujer, pero siempre con la mirada triste. Usted lo mencionó con Juan Francisco. No se olvide que a lugar más pequeño, mas grande el infierno. La mayoría somos y vivimos en el mismo pueblucho. Puede estar seguro que cualquier conversación que tenga aquí está debidamente reportado el mismo día en la aldea y recibe sus debidos comentarios.
- No lo dudo, no lo dudo, se río Marco. ¿Usted estaba aquí ese viernes?
- ¿Cuándo les mataron, dice usted?
- Pues sí.
- Era como las 10:00 de la noche y estaba descansando en mi habitación.
- ¿La casa que está aquí atrás?
- Exacto. Aquí nos quedamos la noche. Bueno, los del pueblo pueden ir a su casa, si prefieren, es libre, salvo los guardianes.
- ¿En su caso de usted?
- A veces aquí, a veces allá, para variar, según si tengo cosas urgentes pendientes en casa, o si tengo ganas estar un poco tranquila.
- Entonces esa noche ¿estaba durmiendo aquí?
- Aquí, si. Durmiendo, no, estaba leyendo… “La Llorona”…
Ningún de los dos lo tomó como broma.


Margarita salió y volvió en seguida con trapos limpios para secar trastes que acababa de lavar.
-  Si, eran casi las 10:00 de la noche cuando escuché un gran grito. Creo que era ella, la Seño Caro. Me asuste, algo horrible, al punto que ni tenía el valor abrir mi puerta para ver que había pasado. Pero estaba segura que el grito venía de la casa principal. Pasaron como cinco minutos y miré discretamente por mi ventana, sin mover la cortina. Vi pasar dos sombras, pensé que era los guardianes ¡pero tenía tanto miedo! Alguien vino tocar mi puerta, era María con uno de los mecánicos, Gualberto. Los tres fuimos a la casa patronal, estaba abierta la puerta. Se oía las voces de los dos guardianes adentro y solo ellos, así que entramos. Yo ni sentía mis piernas, de terror. Estaban en la sala grande, mirando a dos cuerpos tendidos en el piso, frente la chimenea, uno a la par de otro. Pero estaba la Seño Caro boca abajo y Don Alfredo boca arriba. Se miraba que lo habían degollado y tenía la cabeza así torcida. Este Guillermo se agachó y verificó que estaba también muerta la Seño Caro. ¿Me entiende? Es que no estaba seguro que la habían matado también a ella. Margarita se puso a llorar: no sé, quizás estaba solo sin conocimiento, hubiera podio ocurrir ¿no? Yo también me agaché y vi que a ella le había pasado lo mismo. Me sentí tan mal que vomité. Me ayudó este Luis quien acababa entrar, sino creo que me hubiera desmayado.
- ¿Los dos estaban vestido de día? pregunto Marco.
- Si, los dos con jeans y camisa blanca. Se miraba toda la sangre en su ropa.


Margarita tomó un asiento y se seco el rostro con un pequeño pañuelo que sacó de su blusa. Marco dejo pasar unos minutos de silencio y se atrevió a preguntarla más, a pesar de que no le gustaba mucho molestar así a esa mujer que no lograba detenerse de llorar:
-  ¿Es verdad que los torturaron?
- De lo que vi, no. Pero luego, cuando llegó la policía ¡como tardaron estos! Llegaron como a las 6:00 de la mañana, fue una noche de pesadilla, no sabíamos que hacer. Don Jacobo insistió que no había que quedarse ahí, que no teníamos que tocar nada, nada, ni un vaso para tomar agua, tampoco la puerta que dejamos abierta tal como estaba cuando salimos.
- ¿Y luego?
- Nos quedamos todos juntos debajo del techo de las secadoras, esperando que lleguen los policías.
- ¿Toda la noche, con el frio? preguntó Marco.
- ¡Ay, Don Marco, ni se sentía el frio! Yo temblaba más bien de miedo… Se fueron Luis y Don Jacobo a preguntar al pueblito si habían escuchado algo pero dijeron que no. Don Jacobo les recomendó quedarse allá, mejor que no venga nadie por aquí, por si había huellas en el suelo. Pero que unos hombres armados se postean en alerta en la orilla del camino, por si acaso.
Marco decidió hacerle otra pregunta y ya nada más:
-  ¿Qué dijo la policía?
- Dijo que les habían degollado a los dos, con la misma arma, un cuchillo, no con un machete, con un cuchillo. Y que a Don Alfredo, le cortaron… Entre las lágrimas, Margarita se puso a balbucear.
- ¿Le cortaron qué?
- Entre las piernas, le quitaron todo. Me recuerdo, el policía que nos lo contó dijo algo como que parece que no terminó la guerra aquí…