La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 21

Esa mañana, el Señor Subdirector General de Investigación Criminal, Alejandro Flores Batz, llegó de mal humor, como todos los martes. El lunes, podía limitarse a retomar los expedientes pendientes de la semana anterior, de las semanas anteriores. Pero el martes, había que estudiar y dar directivas sobre los nuevos expedientes, más que todo los que reclamaban una intervención urgente. No se podía de ninguna manera esperar miércoles para que sea operacional un expediente que ya tenía veinticuatro horas estar en su escritorio. Cuando vio el folder con la indicación “Confidencial (Cobán)”, supo que le habían definitivamente jodido el día. Abrió el folder y encontró una sola hoja:
Informe de: Antena SGIC Senahú
Para: Subdirección SGIC Capital
Día 1:
Hora indeterminada: Llegaron 2 personales SGIC Capital en Senahú en el transcurso de la noche. Pasaron la noche en casa de Ramón Estrada Coy.
1015: Se registraron en el Hotel de Senahú.
1140: Visitaron la iglesia de Senahú.
1210: Se quedaron almorzando y tomando cervezas en la plaza del mercado de Senahú.
1705: Regresaron al Hotel de Senahú.
Informe de: Antena SGIC Senahú
Para: Subdirección SGIC Capital
Día 2:
0930: Salida de los 2 personales SGIC Capital del Hotel de Senahú.
1300: Se quedaron almorzando y tomando cervezas en la plaza del mercado de Senahú.
1705: Regresaron al Hotel de Senahú.
 
Informe de: Antena SGIC Senahú
Para: Subdirección SGIC Capital
Día 3:
1030: Salida de los 2 personales SGIC Capital del Hotel de Senahú.
1120: Se quedaron almorzando y tomando cervezas en la plaza del mercado de Senahú.
17:55: Regresaron al Hotel de Senahú.
El Subdirector frunció los ceños y masculló:
-    Ok, ya me imagino el informe dentro de unos días: Salida a mediodía, tomaron cervezas, regresaron al hotel a medianoche… Tengo que darles acción sino se van a transformar en un problema suplementario más que otra cosa. ¡Puto martes!

Como que nunca llegó la primavera este año - 20

Después del día domingo, viene el día lunes. Así fue siempre, que nos guste o no. Sin embargo, no era como en las oficinas de la capirucha donde el lunes por la mañana llegan cansados, intercambian como que no se hubieran visto desde de qué ratos tiempo, miran sus correos electrónicos – que siempre mienten diciendo que es increíble, recibieron centenares durante el fin de semana, profesionales por supuesto – y cuando empiezan a meter un poco de orden en su escritorio, fíjate, ya es hora ir a casa. En Las Lomas del Norte, no era así. Apenas se levantó Marco que se sentía ya en los alrededores el personal de la finca agitándose como abejas trabajadoras. Se topó en la cocina con TripleH. Tenía la cara hinchada, los ojos rojos, con muecas típicas de la post zurumba. Farfulló a propósito de los mojones y los cercos, muchos líos, mucho trabajo, algo del estilo pero Marco ni le prestó atención. La gorrilla apestaba a alcohol a cinco metros.


Sintetizando los tres testimonios que había recibido, Marco ya no tenía duda: el narco no tenía nada que ver con el doble asesinato. A pesar de que no se podía considerar que Guillermo, de guardián el domingo, había dado un testimonio como tal, de hecho había confirmado esa duda cuando dejó escapar de un tono irritado por la insistencia de Marco:
-  Mire, ya se lo dejé entender cuando fuimos arriba: no quiero saber ni mierda de eso, no quiero hablar de eso. Solo que no vaya a creer las estupideces de gente ajena que fueron traficantes.
- A esa altura ¿por qué no aprovecharse del estado medio liquido en el cual se encuentra TripleH? se interrogó Marco, hacerlo a mi manera…
-  ¿Todo bien? le preguntó. Parece muy cansado, usted.
- Es que siempre es así, el trabajo terminado, hay que regalar unos tragos para guardar buena relación con la gente. Va uno, y dos, etc. etc.
- Me imagino, comentó Marco, falsamente compasivo. Me olvide decirle que el boss llamó el domingo, lo informó así como que de nada. TripleH tosió y movió su trasero en su silla, visiblemente incomodo:
- ¿Preguntó sobre mi?
- Pues sí, pero no se preocupe, le dije que usted estaba por aquí, trabajando, mintió Marco. ¿Qué importaba? O le jalaría las orejas su patrón, y así sabrá también que Marco no es el último de los idiotas, o no le haría el comentario, y la gorrilla nunca sabrá del cuento.
- Muchas gracias, Don Marco, así me evito un lio de primera. Es que el boss se pone bravo por cualquier cosita, digamos cuando esta de mal humor.
- Claro, pensó Marco, el perro fiel no va a ladrar sobre su amo. Retomó la conversación sin dejarle a TripleH el tiempo recuperar su respiración:
- No fue el narco, afirmó perentorio.
Ahora sí, el malestar de la gorrilla se duplicó por diez. Tenía una puta resaca y venía este detective de su madre a jocotearlo con esa historia. Antes de que abra la boca para responder, Marco ya sabía que TripleH estaba a la defensiva y había decido optar para la agresividad.
-  Viene la cortina de humo, sonrió Marco.
- Mire, Don, yo tengo mi trabajito. Sé que el boss, lo que quiere de mí, es que haga lo que me pide, nada más. Sé que no le gustaría que meta la nariz en rollos que no son míos. A usted, lo contrató para el asunto. Entonces, cada uno con su chance, usted con el suyo y yo con el mío ¿me entiende?
- ¿Y por qué dices el asunto, no dices el crimen o el asesinato, señorito? Qué raro, pensó Marco. Solo repitió: No fue el narco.
Se veía que TripleH hacia todo para guardar la calma. Pero a Marco, no lo engañaba, sabía que la gorrilla estaba simulando la cólera para protegerse. Así que lo repitió otra vez:
-  No es el narco.
La gorrilla se levantó bruscamente sin una palabra y salió.

El detective se fue a preguntar a los mecánicos que estaban trabajando en el hangar de las secadoras si alguien podía llevarlo en carro. Gualberto se disculpó que tenía que arreglar un motor que no paraba de chingarle la vida. Luis Botzoc Coy le respondió que con mucho gusto pero tenía que pedirle la llave a TripleH.
-  Lo espero aquí, respondió Marco.
Luis tardó un poco pero llegó, con las llaves:
-  El quería ir con usted pero le expliqué que no puede manejar con el dolor de ñola que tiene. Los dos mecánicos se burlaron a propósito de la gorrilla y su tendencia a la botella.
- Así no lo tengo encima, pensó Marco, contento.
Se subieron en una jeep de color negro y salieron de la finca, saludando en el portón a Juan Francisco, de pie con su rifle en la mano. Marco realizó que tenía cinco días de estar en el casco sin salir.
-  ¿A dónde nos dirigimos? preguntó Luis.
- A la carretera, por favor. Luego le indicaré.
Pasaron los potreros y entraron en la parte boscosa. El camino de terracería estaba en muy buen estado salvo al cruce con un rio donde no había puente y tuvieron que avanzar con precaución. En los dos demás ríos que encontraron, los puentes de gruesos troncos juntados parecían hechos para aguantarse el paso de una manada de elefantes. A cabo de un kilometro, ya no era plantaciones de café sino pura selva, muy tupida. Marco preguntó:
-  ¿Por qué no explotan esa parte con cultivos?
- Lo que tengo entendido, respondió el mecánico, es que siempre guardan una parte así, sin tocarla. Es que esa gente mira a muy largo plazo. Y aquí tienen maderas preciosas. Dicen que hay caobas que valen más de cien mil. Pero no las cortan por si lo necesitan un día que el café ya no de.
-  ¿Cómo así?
- El café tiene sus plagas, no se mucho del tema, me lo contaron. Puede pasar que haya demasiado lluvia, demasiada humedad y el café agarra un hongo, el ojo de gallo, y se pudre. Pero no se mucho de eso, la verdad.
Siempre bajando, llegaron a la carretera.
-  Que agradable el asfalto, pensó Marco, digan lo que digan, después de dos kilómetros y pico sacudido por los tumbos. ¿Cómo estamos con la gasolina? preguntó.
- No se preocupe, acabamos llenar el tanque, se río Luis. Es que no hay gasolinera hasta Senahú, fíjese.
- ¿De qué lado, Senahú?
- A la derecha. A la izquierda, tiene asfalto hasta la entrada de los Wagner.
- Vamos a la izquierda, entonces, por favor.
Un poco más allá de un kilometro se terminaba la carretera frente un portón de piedras masivas, como la entrada de un castillo. Bajaron del carro y saludaron un guardián quien vino a su encuentro: Marco lo preguntó sobre el camino de terracería que seguía por el Oriente.
-  Este va como un kilometro y llegan al tope. Hay un barranco ahí, no se puede pasar. Ahí termina la finca, explicó el hombre.
Dieron la vuelta. Cuando llegaron al cruce con la ruta para Las Lomas del Norte, Marco le pidió a Luis que sigua recto.
-  ¿Usted sabe dónde está el límite entre la propiedad de… consulto el chivo que había traído con el… la propiedad de Oscar Pérez Caal y lo de los Wolhers?
-  Claro, dijo Luis, usted lo puede ver, se mira desde la carretera.
Efectivamente, pasaron la entrada de Don Oscar y a unos quinientos metros, el cerco de dos rangos de alambre estaba reemplazado por un muro de piedras de más de dos metros de altura.
-  Seguimos por favor, pidió Marco. Impresionante esa pared, comentó a voz alta.
- Pues si ¿qué trabajon, no? dijo el mecánico.
La carretera seguía bajando y fue solo a cabo de cómo un kilometro y medio que se interrumpió la muralla de piedras.
-  Voy a bajar un momentito, si me permite, dijo Marco.
- Está bien, lo espero, respondió Luis.
Marco dio unos pasos en el asfalto, sacó una hoja de su bolsa y trato dibujar el plan de la zona. Con la información que le habían dado Jacobo y Guillermo, y con este paseo ya tenía más claro donde estaba. Regresó al vehículo y le indicó a Luis que iban a visitar a Don Oscar.
-  ¿Y la otra orilla de la carretera, cuestionó a Luis, a quien pertenece?
- Perdón, Don Marco, pero eso no lo podría decir. Jacobo, él, seguro lo sabe.
Marco miró su guasho. Son casi las 10:00, buena hora para una visita de cortesía, pensó.

La propiedad de Oscar Pérez Caal no era del tamaño de las fincas vecinas, no tenia murallas monumentales, la casa estaba a apenas a doscientos metros de la entrada. Una casa de madera, de un piso, pintada de verde turquesa y de corinto, con un pozo al frente y un pedazo de grama donde andaban una Blanca-Nieve y sus siete enanos de terracota.
-  ¡Que chulo! pensó Marco. Le recordaba la foto que un amigo suyo había tomado de un jardín en Paris, Francia.
Don Oscar salió de la casa, con su sonrisa de siempre, saludó a Luis y se acercó de Marco para abrazarlo calorosamente:
-  Bienvenido, Don Marco, bienvenido, que buena idea visitar a un vecino un poco solitario, por favor, pasen adelante.
Entraron en una vasta sala donde se encontraban un salón, un comedor y una cocina, sin separaciones.
-  Me gusta mucho eso, comentó Marco.
- ¿Qué es que le gusta? mi estimado Marco, preguntó don Oscar.
- Las partes comunes, así, sin paredes, explicó. Se río el anfitrión:
- ¡Lo copié en una revista, de un apartamento en San Francisco, San Francisco California! ¿Para qué paredes que no sirven? Y se gana espacio. Por favor, siéntese, si aquí en los sillones. ¿Les sirvo un cafecito? Usted, Don Luis, con poco café y mucho azúcar si me recuerdo bien…
- Si, gracias, Don Oscar, respondió Luis.
- ¿Y usted, Don Marco?
- Pues, con mucho café y sin azúcar, por favor.
- ¿Le gusta muy negro?
- Lo más que se pueda, suspiró Don Marco.
Don Oscar se paró de pie al frente, lo miro con ojos inquisitivos y sonrió más todavía, si es que se podía:
-  Creo que sé lo que le haría feliz, Don Marco.
Se fue hasta a la cocina y regresó con un vaso grande para Luis y dos tasitas, una para Marco y la otra para él. Marco miró el contenido de la tasa, sorprendido:
-  ¡No lo puedo creer! Bebió a sorbitos un poco el líquido caliente. Que rico, que rico…
- Cabal, acabo prepararlo. ¿Qué se imaginaba, Don Marco, que no conocemos el expreso en el Polochic, que somos unos salvajes? Le daba gracia a Don Oscar su broma.
- Salvajes, no, claro que no, pero usted sí que me tomo por sorpresa, y una buena sorpresa.
Don Oscar preguntó a Marco de cómo estaba en Las Lomas del Norte. Le respondió que estaba para diseñar la remodelación de la casa de Don Gramajo López, que no había empezado todavía, e hicieron unos y otros comentaron sobre el clima y el cultivo del café. Marco acepto la invitación de dar un paseo en la propiedad.
-  ¡Vamos a ver esas cabezas de ganado y ese cardamomo! se exclamó Marco.
- Que bien, que bien, usted tiene bueno memoria,
Mientras efectuaban la visita, Luis se quedó arreglando un problemita que tenía el carro.
-  Mejor así, pensó Marco. A Luis lo preguntaré otro día sino la gente va a empezar a pensar que me intereso demasiado en esos asesinatos. Don Oscar le explicó a Marco que tenía buenas relaciones con sus vecinos, quienes le alquilaba a veces potreros para su ganado, así podía renovar regularmente el suyo, más pequeño.
- De hecho, lo que me salva es el cardamomo, tengo que agradecer a los árabes. Le explico a Marco que casi toda la producción de la región se exportaba en los países árabes donde se usa para condimentar el café. Lastima no nos compran también el café porque, a pesar de los coyotes, pagan muy bien.

Regresaron a la casa y se tomaron otro expreso. Marco supo entonces que Don Marco vivía solo, había perdido su esposa y sus tres hijos durante la guerra. El mismo se había quedado escondido en la montaña durante casi tres años:
-  Tierra, comí tierra ¿se puede imaginar usted? Me recogieron los padres de Cobán, fíjese, sino no estaría hoy aquí contándole esa triste historia.
Cuando Marco lo cuestionó sobre el pueblito de Las Lomas del Norte, se le fue su sonrisa eterna a Don Oscar:
-  Fue terrible, terrible. No dejaron nada, nadie. Se levantó: ¿Otro expreso, Don Marco?
A pesar de que estaba claro que quería cambiar de tema de conversación, Marco no pudo evitar hacerle la pregunta:
-  ¿El doble crimen en Las Lomas podría tener algo que ver con el pasado?
Don Oscar se paró a medio camino de la cocina y dio la vuelta, miró Marco en los ojos, concentrándose antes de responder:
-  Nunca se me vino a la mente, pero, ahora que usted lo pregunta, a saber...
Agitó la cabeza como para alejar fantasmas y siguió en dirección de la cocina:
-  ¿Qué me dice, Don Marco, simple o doble?