¿Cuánto tiempo tenia empapándose de la onda húmeda
y embrujadora de Senahú? Varias semanas… No pasaba de zope a gavilán, no tomaba
poco, fácilmente el equivalente de cinco plumudos diarios, y cada día sentía
más el peso de la soledad. Se le apagaba el ocote para seguir con esa
investigación. A veces se preguntaba si finalmente ese rollo no iba como
cangrejo. Le faltaba solo un pretexto para amarrarse bien los pantalones y
regresar a la Capi. Así que cuando lo llamó Ana Beatriz, ya estaba listo:
- Dime
Ana…
- Marco, llamó ese señor Gramajo López.
- ¿Qué dijo?
- Te repito sus palabras exactas: dígale que
encontramos al tipo, el que mató a mi esposa y que intentó matarlo a él.
- ¿Así dijo?
- Fueron sus palabras exactas, te digo.
- ¿Llamó él en persona?
- Pues, si.
- ¿No fue su cuire que llamó?
- ¿Cómo así?
- Te llamó el guardaespaldas quien te comunicó con
Don Gramajo.
- No, Gramajo se comunicó directamente. ¿Por qué?
- No, solo por curiosidad. Dime, Ana ¿tienes un
traje de baño?
- Claro ¿Y esa pregunta, vos?
- Llego dentro de seis horas y nos vamos al mar.
Marco colgó, pensativo:
- ¿Le
gustara el colchón rosado a Ana Beatriz? Lo seguro, es que le va a dar risa,
sobre todo los ositos.
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