La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 36

En el mismo momento que se puso de rodillas, José Luis Gramajo López escuchó un ruido sospechoso atrás. Levantó la cabeza para dirigirle una mirada interrogativa discreta a TripleH que se había quedado vigilando en la alameda de arena. Lo tenían bien inmovilizado dos gorrillas, jeans, chumpa de cuero, chayes oscuros, típicos policías en civil.
- Quédate quieto, José Luis, estamos aquí para apoyar.
Reconoció la voz ronca de Alejandro Flores Batz:
- ¿A usted le gusta molestar la gente que visita a sus seres queridos, señor de la Dirección General de Investigación Criminal?, preguntó sin moverse.
- Tómalo con calma, amigo, ya te dije que venimos para darte una mano.
- ¿A limpiar la tumba? Todavía es como nueva, sonrió sarcásticamente Gramajo mirando la inscripción: Carolina Menéndez de Gramajo 1977-2010.
- No te la voy a resucitar, viejo, pero agarrar al pendejo que lo hizo, eso si te lo prometo.
- ¿No me digas?, comentó con ironía el finquero.
- Escúchame, vas a levantarte despacito, sentarte donde sea y te cuento.
Gramajo López se puso de pie, dio la vuelta. Flores Batz tenía la cara impasible, con los ojos medio cerrados entre el humo azul de su cigarro.
- ¿No te diagnosticaron un cáncer del pulmón, aun?
- ¡Que si, ya hace tiempo, créeme! Pero hay placeres difícil quitarse de la vida. ¿Me escuchas?
- Dale, soy todo oído.
El policía le pasó una mano en la espalda:
- Mejor vamos sentarnos en esa banca, no hay muros pero orejas si, dijo dando un vistazo a sus dos hombres que agarraban TripleH como si será el enemigo público número uno.

El Subdirector General de Investigación Criminal suspiró, tomó su respiración y por fin habló:
- La verdad, al principio pensé que tú la mataste, José Luis.
- Yo pensé lo mismo de ti.
- No me sorprende, y por las mismas razones, seguro.
- Seguro, confirmó Gramajo López sin mirar a Flores Batz.
- Otra verdad que te voy a decir, nunca me preocupe por eso, cumplimos ordenes y basta.
- Quizás tienes razón, quizás no, de todas maneras ya no importa mucho…
- Tercera y última verdad, no fue nosotros quienes encontramos el chucho que mató a tu esposa y a Alfredo Pop Choc. Te recuerdas que habíamos decidido que mejor no investigar, y contrataste a ese tipo…
- Marco…
- Si, Marco. Supe que no logró mucho sino casi perder la vida.
- Así es, y mejor tener un empleado despedido que muerto.
- Depende, depende, murmuró misteriosamente Flores Batz. Lo que quiero decirte, es que le debes una a alguien.
- ¿A ti? me imagino, sonrió el finquero.
- A mi no, le debes una a Víctor Rivera.
- ¿Rivera? ¡Ese ex guerrinche que solo siembra mierda en el Polochic!
- Este, exactamente. No sé qué siembra pero si es como pez en el agua en La Verapaz.
Los dos no pudieron esconder una sonrisa:
- Vos, pez en el agua…
- Pues, te puedo asegurar que tiene un nivel de información que le envidio…
- ¿Y qué interés tendrá en eso? preguntó Gramajo con tono sospechoso.
- A saber, esa gente tiene sus trucos, sus cálculos, tan torcidos como los nuestros. Lo que sé es que le debes una.
- ¿Qué garantía tengo que no me estas engañando?
- ¿Una prueba?
- Si.
- ¿Una prueba irrefutable?
- A ver…
- ¿La confesión del que lo hizo, sería suficiente?
- ¿La tienes aquí grabada?
- Nel, lo tengo a él, aquí.

Alejandro Flores Batz y José Luis Gramajo López volvieron cerca de la tumba de Carolina Menéndez de Gramajo.
- Ya lo pueden dejar, dijo el finquero a los dos policías que no dejaban TripleH ni mover un dedo. No hay problema, agregó dirigiéndose a su guarura.
- No lo van a dejar, eso te lo juro, amigo, comentó Flores Batz.
El finquero lo miró, miró a TripleH que tenía los ojos inyectados de sangre, miró de nuevo a Flores Batz. Se acercó de su guardaespaldas, a unos cincuenta centímetros:
- ¿Por qué? interrogó de una voz sorda.
Nadie se dio cuenta cuando ya tenía en la mano la escuadra que había sacado del cincho de TripleH:
- ¿Por qué? repitió, quitándole el seguro y apuntando el arma en el cuello del guardaespaldas, cerca de la carótida.
- Era una puta, boss, una puta, ella y ese indito creído, balbuceó TripleH, se lo juro, boss, lo engañaban.
- ¿Estas loco? ¿Estas loco? gritó Gramajo. ¿Está loco, no? es imposible, dijo mirando a Flores Batz.
- Lo averiguamos, se lo inventó todo el idiota. Sabes, esos brutos, entre el guaro, la ranchera y esas telenovelas, se vuelven chiflados, totalmente…
Una detonación le cortó la palabra, y otra, y una tercera. Gramajo dio la vuelta, lívido, dejando caer la pistola en el suelo. Uno de los dos policías en civil quitó una manchita de sangre de sus chayes. Estaba preguntándose si en la lavandería le podrían recuperar esa chumpa de cuero argentino que acababa de regalarle su novia.

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