- Me traes azúcar en el camino ¿porfa?
- ¿Cuántas veces te dije que no soy tu secretaria? suspiró Carmen.
- Es broma, solo broma, respondió Martin.
- Broma pesada, comentó Carmen. ¿De macho o de policía? preguntó.
- Los dos, se río Martin.
Una cabeza pasó por la abertura de la puerta:
- ¡Martin y Carmen, les llaman en la ofi del Jefe!
- ¿Cual jefe? hay tantos aquí, preguntó Martin.
- Arriba ¡el Sub!
- ¿El Sub-Comisario? ¿Molina?
- El Subdirector ¡apúrense antes de que les despiden!
- ¿El de Personal o el de Apoyo logístico? ¿Ya ganamos la lotería? bromeó Martin. Era información pública que esas dos subdirecciones son la principal fuente de corrupción en la PNC.
- El Subdirector de la Subdirección General de Investigación Criminal. ¡Les falta dos minutos para presentarse a su oficina, malditos inspectores payasos!
Ni esperaron el elevador, subiendo las gradas cuatro por cuatro. Llegaron sudando frente la puerta del patrón de la SGIC, pero puntuales. No se encontraba nadie. Esperaron como media hora hasta que apareció la asistente del subdirector:
- Veo que se adelantaron. El Señor Subdirector no tardará por venir, dentro de… miró su reloj, dentro de treinta minutos, habíamos quedado a las 14:30…
Carmen y Martin intercambiaron una mirada silenciosa: ¿ya viste en esa pinche institución alguien puntual? Seguro que cada uno entendió la hora que le convenía mejor… Sin hablar de los bromistas pesados entre los mismos colegas…
Martin leía una revista sobre modelos automóviles que nunca miraría con sus propios ojos en toda su vida, esperando. Carmen descubría desde la ventana del corredor del penúltimo piso el extraño barrio Génova de la zona 1 que se parecía más a un territorio abandonado que otra cosa, esperando también. El Señor Subdirector General de Investigación Criminal, Alejandro Flores Batz, él, bebía a sorbitos un delicioso café irlandés, café caliente con whisky, en un simpático pero discreto restaurante a unas cuadras del Ministerio Publico, el MP. En un folder de apariencia anodina, estaba en realidad estudiando la ficha profesional de dos inspectores. El primero era Carmen Guzmán Cordón, 29 años, divorciada, originaria de Teculutan, departamento de Zacapa, con estudios en la Academia de la policía con mención excelente y hablando español e inglés. En la foto de pie, se parecía una ratoncita de laboratorio, tez blanca con pelo negro corto, oclayos negros:
- Dentro de poco van a reclutar lolitas, pensó el Señor Subdirector.
La otra ficha era de un tal Martin Tista Rodas, 31 años, casado, dos hijos varones, originario de Poptun, departamento de Peten, con estudios en la Academia de la policía con mención satisfactorio, hablando español y k’ekchi’. En su retrato, su cara morena subrayaba una larga sonrisa con todos los dientes bien blancos.
- Debería preguntarle que pasta de diente usa el cretino… Dentro de poco van a reclutar enanos.
Los dos inspectores tenían varios puntos en común: habían ingresado de inspectores muy rápido, y habían llamado la atención, para no decir que se habían quemados, en el caso famoso de un abogado que había organizado su propio asesinato y donde nunca quedó claro porque tardó tanto esa gente de la SGIC a entender el expediente, sin hablar de los documentos que se extraviaron en el MP.
- Por si acaso, sonrió Alejandro Flores Batz, considerándose, una vez más, como un hombre muy astuto.
Cuando escucharon el paso pesado del Señor Subdirector saliendo del elevador, los inspectores Carmen Guzmán Cordón y Martin Tista Rodas se pusieron de pie.
- Pasen, les dijo antes de entrar primero. Por favor, que nadie nos moleste, estoy en reunión, le indicó a su asistente quien estaba jugando al solitario en la toda nueva computadora que acababa recibir, y que por fin vamos a poder trabajar de manera moderna, declamaba ella por todas partes.
Entraron en la oficina, típica de la oficina de un alto funcionario: un escritorio imponente de madera oscura, una silla moderna de cuero con alto respaldo, la computadora con su pantalla fina como una hoja de papel, una mesita baja con sillones y el retrato del Presidente, con su cuello siempre como que un poco torcido.
- Por favor, siéntense les pidió con un tono de los más corteses mientras dejaba en su escritorio el folder con las fichas de esos dos imbéciles.
A su vez, tomó asiento y se quedó unos segundos mirándoles como que juzgándoles como un animal antes de enviarlo al rastro, que sepan quién es el Jefe aquí. No le gustó el tinte ligeramente irónico de la mirada del inspector Tista Rodas pero, bueno, a la hora de echarse un cuaje, mejor ir al grano:
- Ustedes se preguntaran de porque están aquí, y pasando así por encima de la jerarquía. Antes de todo, para que todo quede transparente, que sepan que su comisario está al tanto de nuestra solicitud. Sin embargo, déjenme informarles que tiene solo una idea general del contenido de su misión. En claro: ustedes tendrán que reportar directamente a mi despacho, ningún más.
Hizo una pausa, les miró: la inspectora Guzmán Cordón parecía interrogativa pero orgullosa de beneficiar de la confianza de sus superiores; en el caso del inspector Tista Rodas, la ironía ya no se mostraba discretamente en sus ojos sino claramente en sus labios.
- Este que sí ya me exaspera con su cara de idiota, masticó mentalmente el Señor Subdirector.
Luego, les explicó el caso. Doble asesinato en una finca en Alta Verapaz, el administrador y la esposa de finquero. Ninguna duda sobre el móvil del crimen: el administrador había pasado un acuerdo con el narcotráfico pero hubo discrepancias. Decidieron castigar o eliminar al administrador pero por casualidad se encontraba presente la esposa del propietario, entonces la mataron también. Las autoridades centrales estaban organizando une vasta operación para arrestar a varios capos en ese departamento, razón por la cual se había decidido no investigar más ese caso particular para no contaminar los preparativos y el efecto sorpresa del plan maestro. Hizo otra pausa y se tomó de nuevo el tiempo para examinarles:
- La señorita está bien atenta y el otro burro ya no sonríe, que bien, pensó el Subdirector. Me van a preguntar ¿entonces cual es el problema?
Ningún de los dos inspectores cayó en trampa tan gruesa de agitar estúpidamente la cabeza diciendo:
- Pues sí, Jefe ¿entonces cual es el problema?
Un poco decepcionado, Alejandro Flores Batz persiguió:
- ¿Entonces cual es el problema? El lio es que el dueño de la finca no le satisface esa salida. Contrató un investigador privado para buscar más, saber si fue efectivamente el narco u ora motivación. Por supuesto, se imaginan ustedes como ese señor nos puede sabotear nuestro proyecto de arrestar a las cabezas del narco ahí si empieza a hacer bulla… Sin contar que ese investigador es de los mejores, déjenme decírselo…
- ¿Lo conocemos? preguntó la inspectora Guzmán Cordón, para mostrar como que ya había empezado a trabajar. El Sub se río interiormente:
- Claro, por eso les necesitamos a ustedes dos. Lo conocen más que bien: es este Marco quien levanto el velo sobre el caso del abogado con su falsa verdadero suicidio.
Los dos inspectores palidecieron.
- Ahora si les tengo bien agarrados esos dos atrasados mentales, pensó el Señor Subdirector, una vez más muy satisfecho de sí mismo.