La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 31

Las dos semanas en Monterrico pasaron muy rápido, finalmente. Fue tiempo suficiente para que Marco salga de ahí moreno y barbudo, con unos kilos más y pelo bien cortadito. Si ponía los chayes medio-oscuros, era imposible reconocerlo. Como ya tenía todo planificado cuando salió de Ciudad de Guatemala, se la pasó como que de verdaderas vacaciones, coqueteando con turistas gringas de más edad que él, abordándolas siempre con el mismo discursito:
- ¿Me llevaría usted en su valija de vuelta a su país? no ocupo mucho espacio…
En unas oportunidades, la historia hubiera podido terminar o empezar en la cama pero Marco le ponía un alto al juego cabal a la entrada de la habitación de la señora. Porque era solo un juego, nada de ir a embarazar la hija de Donald Trump, por ser demasiado conservador el dadi, ni tampoco recuperar unos bubones de una enfermedad exótica de Texas o Dakota. Con el canal 29, Marco se quedaba feliz.


De hecho, en realidad, no fue dos semanas sino un mes de descanso que se tomó el dichoso, si incluyamos el viaje desde Monterrico hasta Cobán, pasando por Tapachula, tan sórdida como la tenía en su recuerdo de veinte años antes, el DF, tan contaminado en ciertas zonas que ni puedes respirar, Chetumal, siempre ininteresante, unos días para ver Tikal, como no señor si usted se lo puede permitir. Si no tomamos en cuenta que casi se cayó de la terraza del Templo V por hacer el payaso frente un grupo de turistas japonesas, todo estuvo perfecto. Es que Marco hubiera podido pasarse la vida entera en los pulman mexicanos, tan le gustaba viajar con ese medio. Por el buen estado de las autopistas donde se deslizaba el vehículo, no como Guate que tienes la impresión ser un paquete. También por la correspondencia total entre el número de asientos y el número de viajeros que dejan subir, así que no tienes que aguantarte estar de pie en la fila del medio durante todo el viaje y agacharte cada vez que cruzan un control policiaco, como en Guate. También el comportamiento respetuoso de los choferes que te saludan, manejan con cuidado (bueno, no siempre) y no imponen a todo volumen sus gustos musicales personales, como en Guate. También puedes conocer a gente nueva, hasta interesante a veces, con quien compartir conversación y comida y no pasarte todo el viaje espiado por miradas de reojo, como en Guate. También no vas a tener que ver gente tirando pañales con mierda, botes de cheve o huesos de pollo por la ventana porque el planeta tiene que ser como mi casa, un basurero, como en Guate. Sea dicho de paso, a pesar de todo, el pasaporte, un verdadero pasaporte falso, que Marco recogió en Tapachula, era guatemalteco. Ahora Marco se llamaba Pedro, Pedro Arriola, y la foto se parecía mucho: un gordito moreno con barba, pero sin chayes porque ya los prohibió Tío Sam por si se escondería un terrorista musulmán atrás.
Así que llegó feliz a Cobán y no con tantas ganas de trabajar. Se instaló en Los Fanales, un lugar sin mucha personalidad, salvo que parece natural que alguien buscando una finca para comprar se quede en el hotel más caro de la ciudad ¿no? Marco no tenía mucha idea de los criterios para elegir un beneficio de café pero era parte del plan. Muy poca gente no cae en la trampa de quien se hace pasar por un imbécil, porque muy poca gente tiene esa capacidad: parecer más estúpida de lo que es en realidad. Digamos: voluntariamente. Solo platicando por aquí y por allá, ya tenía dos citas previstas para el viernes, a penas cuarenta y ocho horas después de su llegada en la capital k’ekchi.


La primera era a la hora del almuerzo con un tal Pascual Ospina Monroy, en un restaurante frente el hotel. El tipo, bajito, con pantalones tocando acordeón y afeitado con machete, llegó con casi una hora de atraso. Ni se disculpó. De entrada, le cayó mal a Marco. Pero dependía más que todo de donde se ubicaba la propuesta:
- Fíjese, uste, que esa finca la tenemos en la familia desde tres generaciones. Pero se fue creciendo, comprando cuando había chance. La última vez fue hace siete años con diez y seis manzanas. Así que ahora tiene sus dos caballerías y medio ¿nada mal, que le parece?
- Es una propiedad grande ¿tiene nacimientos de agua?
- Como no, tiene seis, también una catarata, produce su propia energía eléctrica con un molino de agua.
No lo quiso mostrar pero el detective se quedo friqueado por la idea y se le escapó una exclamación:
- ¡Qué bien, la autonomía total, su propia agua y su propia luz!
Su interlocutor lo miró con cara de quien se está preocupando de donde sale este payaso. Pero no importaba. Ahora la pregunta de las preguntas:
- ¿Dónde se encuentra esa belleza?
- A ver, le hago uno su planito.
Agarró una toallita de papel y empezó dibujando:
- Es fácil. ¿Uste conoce a Fray, Fray Bartolomé de las Casas?
Marco respondió cortésmente que más o menos a pesar de que esa zona no tenía nada que ver con lo que le interesaba a él. A partir de ese momento escuchó a Ospina Monroy solo con un oído, asentía de vez en cuando de un gesto de la cabeza. El precio estaba totalmente exagerado y no quedaba bien claro quién era el dueño de esa belleza. Sin embargo, le llamó la atención cuando el otro comento que la región de Fray era tranquilla, no como Senahú:
- ¿Y eso? cuestionó Marco.
- ¿No escuchó uste lo de Senahú, bueno ahí un poco más arriba de Senahú, hace ya unos meses?
- Pues no ¿qué paso?
- Un doble asesinato, la esposa de un finquero y su administrador. Les torturaron y luego les ejecutaron.
- ¿Y se sabe quién es? preguntó Marco.
- Mire, todo esa cuenca del Polochic es un lio, todo es político.
- ¿Cómo así?
- Digamos que es como que sigue la guerra, por un lado los militares, por el otro los ex guerrilleros, los ixtos entre ellos, y sus tierras, claro.
-¿Quieren sus tierras dice usted?
- No es tanto que las quieren pero delimiten sus territorios, parece guerra, como antes.
- ¿Entonces, ese doble crimen que me contaba usted?
- Los ixtos, los ixtos, seguro. Chucho no come chucho, uste lo sabe muy bien. Quieren la revancha. Asusta, claro, pero mire uste, si lo humillan, lo explotan así, desde siempre, un día se enoja uno ¿no cree uste? Me asusta pero entiendo que el rollo no puede ser otro.
El detective, en un primer momento sorprendido por esa nueva hipótesis, la descartó rápido. No era una probabilidad sino solo las fantasías de un racista.
- Racista y liso de ni disculparse a pesar de llegar con no se cuanto tiempo de atraso, masculló Marco.


La segunda cita lo tomó también por sorpresa pero por otra razón. Tenía que encontrarse con un tal Dominique Gourbeau Velásquez a las 7:00 de la noche en el bar de Los Faroles. Llegó un poco antes para gozar tranquilamente de un whisky seco y dar una ojeada a la prensa del día. No tan  tranquilamente porque ya estaba instalado un grupo de turistas españoles cuya principal característica no era la discreción. Poco antes de las 7:00 entró una mujer de unos treinta años, elegante con un vestido rojo seguramente de ejecución italiana y un corte de pelo recordándole a Marco Juana de Arco. A pesar de la atracción que sintió Marco por esa aparición un poco a fuera de contexto, se sumó en la lectura de los últimos acontecimientos en cuanto a crímenes, robos, secuestros, corrupción, malversaciones, bueno, lo de siempre y de cada día en nuestra querida prensa nacional. Pero tuvo que emerger de nuevo cuando escuchó los pasos de la mujer acercándose. Levantó la cara, no solo lo estaba mirando sino que también le hablaba:
- Perdone la molestia ¿usted es el señor Pedro Arriola Santos?
- Así es, respondió el detective ya de pie y ofreciendo a la desconocida que tome asiento en el otro sillón: por favor…
- Un gusto, dijo ella, con una mano firme como hierro recién fundido.
- ¿Y con quien tengo el gusto? si me permite preguntar. Vos, cuando te paras hacer el ridículo, avísame, pensó.
- Soy Dominique Gourbeau Velásquez, respondió con una discreta sonrisa.
- Es que… balbuceó Marco.
- No se preocupe, le comentó la mujer siempre con la sonrisita, estoy acostumbrada. Llámeme Dominique, será suficiente…
- ¿Sabes que, vos? pensó Marco, ya no sos ridículo sino que totalmente estúpido...


Mientras la señora Gourbeau Velásquez pedía un té de manzanilla, Marco trataba entender quien tenía al frente. Así, a grandes rasgos, de origen francesa y española, con papa y educación. El objeto de su estudio sumario lo interrumpió en pleno análisis:
- No se preocupe, repitió, entiendo que se sienta en apuro. De hecho, mi nombre es masculino y femenino, así es. Y no creo que usted sea de esos profesionales que tienen capacidades particulares para identificar rápidamente con quien tienen el gusto…
A la defensiva, el detective preguntó:
-¿En qué sentido?
- El vestido, la manera de hablar, de moverse, no sé, dicen que en Estados Unidos, la policía tiene psicólogos que pueden detectar si alguien miente solo por la posiciones de su cuerpo, el movimiento de sus ojos y de sus manos…
A Marco le hizo gracias esa mujer con tanta imaginación que no estaba muy lejos de la verdad:
- ¡No, no soy policía, gracias a Dios! Pero a mí también me gusta leer novelas policiacas.
Los dos se rieron como que si se conocían desde mucho. La señora Gourbeau probó su te antes de colocar su tasa en la mesa baja:
- Muy caliente, voy a esperar un poco. Entonces, señor Arriola ¿usted está en búsqueda de un finca de café?
- Efectivamente, recibí una herencia y amigos míos me aconsejaron invertir en ese tipo de actividad.
- ¡Que coincidencia! Fíjese que la finca que tengo a la venta es herencia de un familiar que desapareció hace poco.
- Todo mi pésame…
- Gracias pero por favor no tenga esa cara dramática, la recibí de un tío que nunca tuve el honor de conocer. No vivo en Guatemala, precisó ella. Un gabinete de abogados de la Capital maneja el asunto pero, otra coincidencia, estoy de paso en Cobán y tenia curiosidad encontrarlo.
Marco se quedó mudo, no sabía cómo reaccionar.
- Y sin ser psicóloga ni policía, me parece que usted no sabe mucho más de café que yo.
Se rieron tanto que los españoles ruidosos se callaron unos minutos.


Al final de cuenta, la señora Gourbeau Velásquez y el señor Arriola Santos hablaron de todo, de la crisis internacional, de Sherlock Holmes, de la existencia real o no del quetzal, de su desinterés reciproco para el football, de los impresionistas y del surrealismo, de volcanes y lagos. Se rieron de todo menos del café. Por no mencionarlo ni una vez. Cuando se separaron, quizás porque sintió que Marco se iba a atrever a proponerle algo, ella lo saludó fríamente:
- Fue un verdadero gusto compartir ese momento con usted, pero tengo que acostarme temprano, tengo mi avión para Europa mañana a medio día


De regreso en su habitación, Marco pensó que tenía que tener paciencia. Su plan era bueno, su información más que valida, solo había que tener paciencia.