Después del almuerzo y de haberse puesto de acuerdo con Gramajo López, Marco había vuelto a casa para una corta siesta antes de ponerse a planificar la investigación. Por no estar acostumbrado a comer tanto, y con alcohol, y también por tener el buen habito de dormir antes de organizar un nuevo plan de trabajo. Cuando lo despertaron cuentazos en su puerta, ya era noche. A penas abrió, entró la mara: Conejo, El Diplomático y, por supuesto, Negro. Llevaban tres botellas de Etiqueta Roja. Pasó lo que tenía que pasar y jugaron póquer hasta la madrugada. Le cayó mal a Marco y dejo casi quinientos loros en la mesa.
El día siguiente, se levantó con una resaca de la gran diabla. Sin embargo, se puso a trabajar, buscando información por aquí y por allá para entender como el narco maneja su rollo en este pinche país. A finales del día, ya lo tenía todo resumido. Uno: Guatemala se encuentra, mala pata, en el corredor entre la demanda más al Norte y la oferta más al Sur. Dos: no existe una organización narcotraficante unificada en Guatemala sino una media docena de cuarteles, provinciales y/o familiares, que compartieron un status quo durante años, cada uno con su territorio. Tres: desde hace poco, narcos mexicanos, entre ellos varios ex kaibiles guatemaltecos, decidieron gestionar directamente la parte chapina del corredor para que el flujo sea más importante, y pelean con los cuarteles locales así como finqueros para imponer su organización. En este momento preciso, se focalizaban sobre Alta Verapaz. Era entonces posible que quieran usar la finca de Las Lomas del Norte para sus fines.
Así que cuando Marco supo del asesinato de la esposa de Don Gramajo López y del administrador por la prensa escrita, ya tenía el cuadro general, y parecería que los últimos acontecimientos lo confirmaban. Sin embargo, se preguntaba el detective hasta qué punto se podía tomar en serio el comentario periodístico según el cual este administrador ¿cómo se llama? aquí esta: Alfredo Pop Choc…, según el cual estaba en negocio con los traficantes. Imaginándose que si ¿por qué matar también a la mujer? ¿Porque estuvo en el momento equivocado en el lugar equivocado, testigo involuntario del asesinato del administrador? ¿O más sencillamente para presionar a su vez, y de manera segura, al finquero? Mejor hablar con él. Llamó al número de contacto. Le respondió Haroldo Hernández Herrera:
- Aquí habla TripleH ¿en que lo puedo ayudar Don Marco?
- No sirve de nada cortesías en cuanto al pésame y todas esas cosas con ese tipo, pensó Marco. Quisiera hablar con Don Gramajo López, cuando se pueda.
- El boss me avisó que usted iba a llamar. La ceremonia del entierro será mañana domingo con unos familiares. Lo espera a usted lunes a las 17:00 de la tarde en su casa en La Cañada.
- Mire, no habrá…
Ni pudo terminar su frase, TripleH le colgó ¡así de simple!
Marco aprovechó el domingo para investigar más. Repasando por internet la prensa escrita, quería entender como los narcos mexicanos se implantaban en la región cobanera. No era obvia la necesidad de una presencia permanente en la zona de Las Lomas del Norte, sino como un punto de aplacamiento en retaguardia. De hecho, no avanzó mucho Marco en ese aspecto. Luego espulgó la prensa del mismo domingo pero no aparecía ninguna nueva noticia sobre lo ocurrido.
Finalmente, el finquero no lo recibió en su casa de la Capital. Cuando llegó Marco, lo esperaba TripleH en un Suzuki Samurái en la calle:
- Están las niñas con la suegra adentro. Dice el boss mejor nos juntamos en una obra que está supervisando en el km 24 de carretera El Salvador. ¿Me hace la volada?, preguntó abriendo ya la puerta del coche, uste sabe que el boss es bien yuca.
- Parece que no hay por dónde, pensó Marco. ¡Vonós! dijo.
Durante el trayecto, ni una palabra del gorrilla.
- Por lo menos, un excelente chofer bien concentrado en el manejo de su coche, pensó Marco.
Ya empezaba la hora pico así que por el atrancazón llegaron como a las 17:00 pasado. A la entrada un cartel proclamaba la “nueva vida” que ofrecía Gran Vista, un condominio de cuarenta casas, cada una con su jardín privado.
Entraron en un local donde Gramajo López platicaba con dos hombres en torno a planes de construcción.
- ¡Ah, Don Marco, bienvenido! Por favor, acérquese.
Si no lo hubiera sabido, nunca hubiera adivinado que acababan de asesinarle su esposa a este señor. El macho en todo su esplendor:
- Le presento a los hermanos David y Pascual Cambranes, los arquitectos a quienes confié ese pequeño proyecto de condominio. Como puede ver, vamos avanzando, no tan rápido como quisiera yo, pero vamos bien.
- Pues, Don Gramajo, lo felicito, me gusta el estilo. Estilo gallinero como todas esas mierdas de condominios, pensó Marco. Mismas casas, y luego mismos carros, mismos niños y ni puedes tirar un pedo sin que informen al comité de vecinos, cuyos responsables siempre son los más conservadores, hipócritas y con menos sexualidad del lugar.
- Don Marco, me regala unos minutos y estoy con usted. Si quiere, Haroldo lo acompaña a dar un vistazo a la obra…
Caminando a la par de la gorrilla, se dio cuenta Marco que este debía medir fácilmente 1.90 metro sino más. Ninguna sorpresa con el condominio: cada casa tenía su garaje para dos coches al frente, salón-comedor y cocina-parte servicio en la planta baja y los cuartos arriba. Efectivamente, cada una tenía su pequeño espacio verde atrás, pero nada transcendental. Un gallinero, pensó Marco, seguro para ese estilo de gente, quizá más bien de la nueva clase media en este caso, que te piden de vez en cuando “regalarles unos minutos de tu tiempo”. Le dio risa porque acaba leer un libro de un tal Xavier Velasco, un Mexicano, que se burlaba sarcásticamente de esa manera falsamente cortes de exigir del tiempo de los demás sin que importe en realidad que uno diga sí o no.
- ¿Cuánto valdrá una casa de estas? preguntó.
- El trifoliar habla de 50 000, masculló TripleH.
- ¿Dólares?
- Pues sí, dólares de Gringolandia.
Aprovechando para informarse, Marco preguntó de nuevo:
- Y usted, si no es indiscreto ¿Donde vive?
- Tenemos una casa familiar en Morales, Izabal, pero en general me quedo donde se queda el boss.
- Lambiscón, pensó Marco.
- Hablando de él, parece aguantar muy bien la situación…
- Hoy se ve mejor. Pero hasta ayer, estaba como la gran puta. Bueno ¿es normal, no?
- Claro, claro…
Volvieron al local de los arquitectos donde les esperaba Don Gramajo. Este último preguntó a Marco si habla leído la prensa.
- Sí, claro.
- Bueno, la información es esta, ni más ni menos si quitamos el blablablá que le permite a esa gente vivir de la desgracia de los demás. ¿Usted quiere seguir?
- Considerando los nuevos elementos, respondió Marco de un tono muy profesional, usted me dirá si le parece pertinente.
- De mi punto de vista, más que nunca. No espero nada de la eficacia policiaca así que una investigación paralela discreta, muy discreta, no puede resultar peor. Solo que está claro que esos delincuentes son capaces de todo. Le toca a usted decidir si está listo para tomar ese riesgo. Por supuesto, mi propuesta económica lo tomaría en cuenta, muy en cuenta…
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