De hecho, fue Ana Beatriz quien lo presionó para que
retome “el caso de las Lomas del Norte”, como lo llamaba ella. No es que lo obligó
¿y como hubiera podido hacerlo? A pesar de ser una señorita de la limpieza un
poco especial, era finalmente solo eso y nada más en el apartamento de Marco.
- ¿Ana
Beatriz, me estas tomando el pelo? preguntó Conejo.
- Que no, papi. Fue más bien así arrojando chinitas, puntuó
Marco agitando sus manos ahora en estado de funcionar. Sabes, está limpiando
los trastes y se le viene la duda de “como puede ser que…”, a voz alta por
supuesto. Otro día, apagó de sopapo la licuadora a medio camino de un batido de
fresa para preguntarme “pero, a final del cuenta, no cree usted que…”, y así
casi todos los benditos días de la santa semana.
Conejo estaba doblado de la risa en su sillón. Marco se quedo
mirándolo, dubitativo:
- Seguro tengo en este momento la cara del idiota
perfecto, porque lo soy. ¿Quién no se fue a meter de nuevo la nariz en este
pinche caso si no fue yo mismo?
Los hombres pueden cambiar, quizás, sus métodos nunca. Así
que Marco empezó por el principio, organizar sus archivos para organizar su análisis.
No le fue tan fácil. Uno, porque no tenía tan claro sus razones para reabrir
ese expediente por el cual le había faltado poco para pasar al otro potrero, si
es que existe este. También le costó una humillación de primera clase por parte
de un finquero que no vale ni miércoles. Quizás dejando ese pecado de orgullo
al lado, dejaría cerrado el caso… Sin embargo, pensándolo bien bien, no. Lo que
lo empujaba era la curiosidad, la simple curiosidad: ¿Quien mató a Carolina Menéndez
de Gramajo y Alfredo Pop Choc? Se dio cuenta que nunca supo con que arma les
mataron y que torturas les infligieron. Lo apunto en un post-it antes de entrar
en las grandes hipótesis, a voz alta para que sepa esa maldita Ana Beatriz que
ya ya ya se reabrió el famoso “caso de las Lomas del Norte”.
- Entonces,
hipótesis uno, el narco, pura fumada, todavía más después que Gramajo López, en
su visita en el Roosevelt, dejó abierta la posibilidad que fueron ellos que le
dieron en el camino de terracería. Hipótesis dos: alguien a quien no le gusta
que la señora de Gramajo vaya husmeando el pasado, empezamos con el ex capitán
Alejandro Flores Batres, ahora subdirector de la DGIC. Encuentra asigúnes para
que no haya investigación, no le gusta al finquero viudo y me contrata para
sacar el asunto al claro. Flores reacciona enviando dos agentes suyos a Senahú
para evitar que la situación salga de su control. No está nada mal esa segunda
hipótesis. Ok, tercera hipótesis, le cae mal al señor que su esposa investigue
el recién pasado de la finca, pero tenía mil otras maneras para pararla que
eliminarla. Cuarta hipótesis: alguien le quiere quitar la finca a Gramajo López,
o arreglar una cuenta del siglo pasado con él. Imposible, no puede aparecer una
cara nueva en la región sin que toda la mara lo sepa de inmediato. Salvo si los
sicarios son del lugar. ¿Sabes que, idiota? se preguntó Marco a sí mismo: el o
los que mataron a la esposa y el administrador son del lugar o parroquianos del
lugar ¡obvio!
Salió a comprar un shiraz del Casillero del Diablo, que
se lo podía permitir para un cierto tiempo con todo el dineral que le dejó
Gramajo López en su cuenta como indemnización por la balacera. Lo probó como si
fuera un Chateau-La-Pompe inestimable, haciendo el listado de la gente de la
finca de Las Lomas del Norte y los alrededores. Una vez terminada, la miró y la
remiró. Podía ser individuos del pueblo pero era difícil imaginarse esos tipos
saliendo y entrando de noche sin que nadie se dé cuenta. ¿Quizás uno o varios
de los capataces? Estos viven a parte, habría que ver. Otra posibilidad, más
complicada para verificarla, personal de una de las fincas colindantes, de los
Wolhers o los Wagner, o sino otra más alejada.
- Bueno, paso por paso, papi, murmuró Marco. Agarró el teléfono
fijo para llamar al Diplomático. Pasados los saludos y la risa sobre el partido
de póquer de hace tres noches donde Marco dejó casi hasta sus calcetines, le preguntó:
¿Sabes algo del arma del crimen?
- ¿Qué crimen? hay un montón… se reía todavía El Diplomático.
- El de Las Lomas del Norte… respondió el detective, exasperado
porque ya sabe lo que viene.
- ¡Puchis, vos! No entendiste que no te quieren indagando
por ahí, parece.
- Mira, tus comentarios…
- Ya, ya, cálmate Colote. Te envió ahoritita el
expediente forense… Solo apacho el…
- ¿Lo tenias?
- Pues, si, pero por lo que paso, pensé que ya no ibas a…
- Vos, desde la segundaria tienes esa manía pensar en mi
lugar.
- La primaria, desde la primaria, se te va la memoria,
cabroncito, se río El Diplomático. Vos, Marco…
- ¿Qué?
- Tenga cuidado ¿sí? Te necesitamos de cuarto para el
póquer, no seas pendejo…
Marco colgó y estuvo pensando sobre la importancia de la
amistad, recordándose las visitas del Negro, Conejo y por supuesto El Diplomático
cuando él ni sabia por donde andaba entre dolores, sabanas y un cansancio de la
gran madre hasta de pensar.
- Ana Beatriz también me apoyo muchísimo, pensó, la tendré
que agradecer.
Imprimó el archivo PDF que acababa de enviarle El Diplomático.
Nada menos que el mismo expediente del Instituto Nacional de Ciencias Forenses,
de la primera a la última página. Había trabajado bien la gente del INACIF a
pesar de la lejanía de la finca desde Cobán. Marco se retomó un sorbo de shiraz
antes de leer por segunda vez la información sobre el arma con la cual habían
ejecutado a Carolina Menéndez de Gramajo y Alfredo Pop Choc de tres tiros en la
nuca:
- Mierda, y no puede ser coincidencia: mismo calibre, 40
mm. ¡Y misma origen! un deposito checo revendido en Peten por ex sandinistas de
la Costa Atlántica. Ninguna duda, habían
tratado matarlo con el mismo chispero con el cual se cometió el doble asesinato
en Las Lomas del Norte. ¿Quería decir que no estaba tan lejos de descubrir la
verdad? Marco siguió estudiando el informe: la disposición de los dos cuerpos
en la habitación, la posición de cada uno, el hecho de que habían sido
torturadas, los horarios del personal de casa, índices como tierra en las suelas
y paja en los cabellos. Todo convergía a concluir, según el forense, que esas
dos víctimas habían sido torturadas y ejecutadas en otro lugar y luego dejadas
en el salón de la finca. Para qué
tomarse el riesgo llevar los dos cadáveres hasta la principal habitación de la
finca? se preguntó el detective.
Otra duda era las
torturas. Si los tres tiros en la nuca indicaban el castigo de una traición ¿por
qué haber torturado precisamente esas personas en sus genitales?
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