Bueno, solo en casa, para decirlo así. Durante la breve
pero memorable estancia de Don Gramajo, Marco había entendido el mensaje: si
tiras un pedo, el boss lo sabe de inmediato. Y no por la gorrilla, quien nunca
estaba por aquí de hecho. Seguro que ahora estaba emborrachándose saber con qué
cómplices en una sórdida cantina de los alrededores. Marco escrutó el cielo, a
ver si no paseaba por allí un satélite con un anuncio avisando que “Las Lomas
del Norte lo están observando”. Se río el detective, amarrillo. La tenia fácil Don
Gramajo, conocía el lugar mejor que nadie, quizás había nacido aquí. Y con la
fortuna que poseía, solo tenía que esperar que le lleguen los informantes. Sin
olvidar que por ser cuelludo beneficiaba seguramente del apoyo de cuates suyos
en la policía o saber dónde. Sin embargo, si efectivamente lo sabía todo, sospechaba
quien había asesinado a su esposa y su administrador. Entonces ¿para qué contrató
un investigador privado? ¿Para molestar precisamente sus amigos del Ministerio
por cuentas pendientes del siglo pasado? ¿No lo absolvieron de una multa por
exceso de velocidad? Quizás para protegerse, por si el asesino o los asesinos
se pusieran a la defensiva: matan al detective indiscreto, y se salva el
finquero. Hablando de se salva el finquero, tal vez era parte de los que no
tienen la consciencia tranquilla con su pasado. Mejor pongo mi proprio
detective, sigo a donde van sus investigaciones, agarró al criminal pero sin
que vayan a meter la nariz en asuntos míos poco respetables. ¿Dónde estaba
Gramajo cuando hubo la represión en la región de Senahú? A ver que dice mañana
El Diplomático sobre esa cuestión… Otra hipótesis en cuanto a porque el
finquero contrató a un investigador: ¿Culpabilizaba por una razón u otra sobre la
muerte de su esposa? ¿Había una tercera pista? ¿Una cuarta…?
- ¡Alto,
veo gatos aparejados! pensó Marco.
Cabal el celular le interrumpió su gran reflexión: número
desconocido. Seguramente era El Diplomático: Efectivamente era él, directo al
grano como siempre:
- Vos me pediste informaciones ya debidamente
investigadas por la Comisión de Esclarecimiento Histórico, solo es cuestión
cruzarlas y leer entre las líneas, se jactó.
- ¡Qué bien! ¡Dale, Sherlock!
- Entonces, la finca las Lomas del Norte, masacre del 18
de junio de 1982, se estima más o menos trescientos personas asesinadas,
k’ekchies, de 0 a 76 años de edad, ningún sobreviviente. Responsable de la
acción: el Ejército. Motivo: apoyaban a la guerrilla con comida y buzones. ¿Me
escuchas?
- Si, si, te escucho, respondió Marco, con la garganta
seca. Aquí estoy, estaba pensando, donde ocurrió esa gran mierda…
- Bueno, entonces, en el papel principal de jefe de
tropa, el capitán Alejandro Flores
Batz, y en el papel del soplón…
- ¿Un soplón? le cortó Marco.
- Hubo muchos en aquel tiempo, más o menos el mismo
teatro, con el soplón con pasamontañas para que no lo reconozcan los demás, y él
designando los cómplices o supuestos cómplices de la subversión.
- ¿Por qué supuestos?
- Porque como en toda guerra, se aprovecharon para
quitarle su terreno al vecino, su cooperativa, su esposa, comerse el mandado
¿Ya sabes, no? Pero déjame terminar. Al principio, mataron a cada tipo que
denunciaba el soplón y luego exterminaron a toda esa gente, sus animales,
pusieron fuego a sus casas y sus cosechas. La pacificación total, pues. Ahora,
escucha bien eso: el soplón no era un verdadero soplón, digamos del mismo
pueblo, sino otro militar, o más bien ex militar que estuvo en la misma
promoción que Alejandro Flores Batz y se
llamaba, bueno sigue llamándose José Luis Gramajo López.
- Tiene un amigo oficial quien opera en la región, se
pone de acuerdo con él para limpiar su finca de toda influencia de la guerrilla,
casi treinta años después su esposa mete la nariz en el asunto y lo pone en
peligro, entonces la mata ¿así de fácil?
- Pues, si, así de fácil, salvo que…
- ¿Salvo que?
- Salvo que te olvidas que tenia cómplice…
- ¿Ese capitán, dices tú? El también hubiera podido arralarse
con las investigaciones de la Señora de Gramajo, claro.
- Sobre todo si de capitán hace años y años te convertiste
hoy en un copetón…
- ¿Cómo así?
- Nada menos que el Subdirector de la Dirección General de Investigación
Criminal (DGIC), compadre.
Por el sexto sentido que tienen los verdaderos
detectives, se le vino a Marco la imagen de la pareja de anónimos con caras y
maneras de polacos que choteándolo en Senahú.
- Ok, entonces podría ser uno de los dos, o los dos, ok.
- Yo encuentro la información, tú la analizas, papito.
Ahora, los dos tipos del INTA, el ingeniero y su asistente, parece que si
tomaron fotos después de la salida de los militares.
- ¿Les encontraste? pregunto Marco.
- ¿El fin de semana? Claro, fíjate que estaban los dos
midiendo un robalo que acababan… Olvídale, papi, se murieron los dos en una
caída de helicóptero en Huehuetenango uno meses después. Nada que ver con
nuestro asunto, parece. Ahora, si, deben encontrarse esas fotos en los archivos
de la finada INTA pero saber donde, suspiro El Diplomático.
- ¿Las tiene escondido…? iba a preguntar Marco.
- ¿El enemigo? cuestionó El Diplomático burlón. El
enemigo no es ni menos ni más que el gran desorden que tienen ahí, se
necesitaría años de trabajo y un fuerte apoyo financiero internacional para
lograrlo, así que olvídalo, mejor. Mira, tango que irme, si tengo más, te llamo.
Marco agradeció una vez más al informante por su
excelente trabajo antes de colgar.
- A
ver cuando nos juntamos para un billar, pensó.
El aire se volvía irrespirable. Marco sabía que tendría
en un momento u otro, por las necesidades de la investigación, que presentarse
en el pueblo, donde estaba el otro pueblo antes. Pero lo peor de todo era
imaginarse su próxima conversación cara a cara con Don Gramajo, ex encapuchado
y genocidio. Agarro el 4x4 para irse a dar una vuelta, a cambiarse las ideas,
si es que fuera posible.
Por el tiempo árido, la ruta de terracería hacia mucho
polvo. Se dio cuenta Marco, un poco más arriba de la entrada de la granja de Don
Oscar, cuando vio en el retrovisor una nube blanca acercándose a alta
velocidad. Para no entrar en una carrera estúpida, decidió dejar pasar el otro vehículo,
esperando que despeje el humo de tierra y arena. Apenas retrogradó para la
segunda, escucho unos ruidos secos, la sangre, su sangre volaba por todos
lados, ya no sentía sus manos, sus brazos, apagó el motor, intentó quitarse el
cinturón de seguridad pero una bala había aplastado el broche.
- El cinturón me salvó la vida, sino esa mierda me
cruzaba el páncreas, el hígado, el estomago, agradecemos a la recomendación de
la Policía de Tránsito, pensó Marco, sarcástico.
Finalmente, logró salir del carro, llamar a los bomberos,
juntar documentación y pasta que tenía en el bolso atrás de su pantalón, ensangrentados
por un proyectil que se fue a meter en su santisisimo culo, la nalga derecha más
precisamente, dio una mirada a las heridas en los brazos, no le gustó ver que
se había ido un pedazo de hueso porque le importaba mucho la idea quedar
entero, sea lo que sea, antes de decidir que tenía tiempo antes de la llegada
de saber quien llegaría, entonces se acostó en la orilla de la carretera para dar
la pálida tranquilamente. Estaba el riesgo que regresen para darle el tiro de
gracia pero ya era demasiado tarde para cranear tanto.
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