La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 26

A pesar de que el domingo se anunciaba como un día agradable, Marco tenía al menos dos buenas razones para estar de mal humor. Una que le agitaba más bien la conciencia: haber copulado con Anna. Chimar por pago no era costumbre suya pero de hecho era lo que había hecho. No había pagado él. ¡Pero qué mala fe! Se recordaba muy bien cuando le había puesto el micrófono y ahora se encontraba en el papel fácil del macho arrepentido, sabiendo que lo hecho está hecho... La otra causa de su mal humor era la discusión bastante desagradable que había tenido a noche con Don Gramajo López cuando se juntaron en el salón para tomar un scotch después de la cena. El lio empezó cuando el finquero lo pregunto sobre los avances en su investigación. Marco sabía que era inútil dar vueltas: TripleH había seguramente hecho su reporte, y el patrón no había necesitado más de la tarde para enterarse de cómo iban las cosas, preguntando por ahí y por allá. El tono con el cual preguntó lo confirmaba y dejaba pensar que no estaba del todo contento.
-  Como se lo comentó en nuestra última conversación telefónica, el narco no tiene ningún motivo para andar por aquí, comenzó Marco.
- Eso ya lo tengo muy claro, respondió el finquero, ¿la otra pista, cual es? preguntó.
- Podría ser acontecimientos pasados…
- ¿Qué tipo de acontecimientos pasados? Tono seco.
- Como usted sabe, aquí hubo una masacre en los años 80.
- Difícil ignorarlo, era tiempos de guerra. No veo que tiene que ver con la muerte de mi esposa, francamente.
- Ahí voy. Oficialmente, no hubo ningún sobreviviente…
- Lo lamento, lo interrumpió Gramajo López, como le digo, era la guerra.
- Sin embargo, siguió Marco, sin tomar en cuenta el comentario del finquero, hubo testigos, quizás no directos pero que estaban en la finca y vieron el osario después de la salida de los militares.
- ¿Usted tiene por cierto que fue el Ejercito que cometió esa masacre? lo interrogó Don Gramajo López.
- No están identificados individualmente los victimarios pero el caso ampliamente documento confirma que fue el Ejército, respondió Marco, sorprendido que el finquero tenga duda sobre ese asunto.
- Bueno, sí lo es, lo es, no lo voy a discutir, suspiró Don Gramajo López, sirviéndose otro scotch.
- Lo que nos interesa ahí, no es tanto saber quien fue, sino que parece que hubo testigos, insistió Marco.
- Parece, dice usted ¿sabemos quiénes son?
- Si, un ingeniero y su asistente, empleados del INTA.
- No tengo motivo para poner en duda lo que me está afirmando usted, Don Marco ¿pero qué tiene que ver con mi esposa? Deme unos minutos, regreso.


Mientras Marco todavía se estaba preguntando de porque Gramajo López trataba ganar tiempo, ese último volvió del baño, subiendo su zip antes de sentarse en el sillón:
-  Entonces ¿me decía usted? preguntó.
Como que no te recuerdas, malvado, pensó Marco:
-  El ingeniero y su asistente, le recordó.
- Y le preguntaba que tiene que ver… susurró el finquero.
- Tiene que ver en el sentido que parece, otro vez digo parece… que su esposa estaba tratando ubicar  a esos dos hombres, respondió Marco acechando la reacción de su interlocutor.
El finquero se quedó callado, escrutando Marco unos segundos antes de levantarse para plantarse frente la pared donde estaban colgadas las fotografías familiares. Por fin, dijo con voz baja:
-  ¡Es muy grave, muy grave lo que usted acaba de pretender, Don Marco!
No estaba absolutamente seguro Marco pero como que percibió una amenaza por parte del finquero. Mejor darle de una vez, decidió, es ahora o nunca para tratar entender un poco más de lo que está pasando:
-  No lo pretendo yo, por supuesto, no me atrevería con una afirmación de ese calibre solo por especulaciones mías, murmuró Marco.
-  ¿Y se puede saber de quién? pregunto Gramajo López ¿unas lenguas chismeadoras? ¿Un vecino rencoroso? Tenía la mirada colérica.
-  Tengo entendido que tiene usted buenas relaciones con la vecindad. Y le puedo asegurar que desde mi llegada aquí, nunca pero nunca escuché alguien hablando mal de su persona. Una manera de proteger saber quien de una posible venganza, pensó rápidamente Marco.
- ¡Qué bien, que bien ¡ ¿Entonces quien se atreve, dígame? gritó el finquero.
- Por favor, cálmese, Don Gramajo, le respondió Marco, todavía estamos con suposiciones. Ahora si te tengo bien atrapado, pendejo, pensó.
- ¡Suposiciones locas, señor, locas! ¿Cómo pueden acusar a mi querida esposa de…?
Marco le cortó la palabra. Lo llamaba señor… ¿y el apenas viudo hablaba de su querida esposa, teniendo ya dos leandras en casa? Empiezan las pajas, vamos bien, idiota, pensó Marco satisfecho de cómo iba la conversación:
- Nadie la acusa de nada, según cierta información, estaba intentando acceder a archivos del INTA a propósito de esos acontecimientos, nada más.
- Imaginamos que así fue, imaginamos. ¿Por esa mala curiosidad, la matan dice usted?
- No lo afirmo yo, lo afirma una de mis fuentes, repitió Marco.
- ¿Quién?
- Usted sabe que no le puedo dar mis fuentes, Don Gramajo…
Ahora, el finquero estaba ahogándose de rabia:
-  ¡Pero puta madre, yo lo pago a usted!
- Perdóneme, usted me paga para descubrir quién cometió ese doble crimen, no para darles mis fuentes.
- ¿Por lo menos, me puede decir si es una fuente oficial?
- Lo es, respondió Marco.
Se levantó de nuevo el finquero:
-  ¿Dónde están metidas esas dos pinches patojas? Y se fue.
Marco decidió quedarse: quizás, con un poco de paciencia, iba a aprender más.

Pasaron solo cinco minutos que ya regresó Don Gramajo López.
- Mujeres, mujeres, solo problemas traen las mujeres, dijo a voz alta.
Se preguntó Marco si hacía referencia a las dos putas o a su esposa… Don Gramajo tomó asiento, le propuso un trago a Marco, y sirvió los dos vasos, el suyo con hielo. Ya tenía entendido que Marco tomaba café con café y scotch con scotch, así de sencillo. Se lo comentó, como tratando calmarse.
-  ¿No está cansado Don Marco? le preguntó.
- No, por nada. Debo decir que estoy a gusto aquí, a pesar de… por supuesto, y déjeme felicitarlo por esa finca tan agradable.
Se río Gramajo:
-  ¡No sé si usted se va a quedar mucho mas aquí, fíjese!
- ¿Por mi trabajo, dice usted?
- No, no, usted es un buen profesional, sino no lo hubiera contratado, ya se lo expliqué cuando nos conocimos.
- ¿Por no darle mis fuentes?
- Mire, no tanto por no darme sus fuentes, como dice usted, puedo comprender sus razones.
- ¿Entonces? preguntó Marco. ¿A dónde quiere llegar este señor?, pensó.
- Puedo aceptar que no me diga quien dice que. Pero me cuesta aceptar que usted considere Víctor Rivera como una fuente fiable.
- ¡Mierda, es fuerte, es muy fuerte!, pensó Marco. Don Gramajo lo estaba mirando, una discreta sonrisa en los labios. ¿Víctor Rivera? preguntó.
- Víctor Rivera, si. ¿Quién más puede inventar esas pendejadas en el Polochic sino mi gran amigo Víctor Rivera? ¡El peor hijo de puta a quien dio luz ese planeta!
- ¿Lo conoce usted?
- ¿Quién no lo conoce aquí? Ex jefe guerrillero, ex fundador de una pretendida cooperativa, suerte que no lo logró, con su obsesión del territorio liberado.
- Usted me está hablando de cosas que…
- No se preocupe, Don Marco, no es tema nuestro por ahora. Bueno ya me viene el sueño y tengo que salir temprano mañana. Escúcheme bien: no quiero que me diga si fue ese maldito comunista o no que le contó esas babosadas sobre mi esposa. Solo le digo que este señor no tiene otro objetivo en la vida que chingarnos la vida a los que tratan desarrollar ese rincón retirado del mundo. Usted sigue su investigación tal como lo tiene previsto y ya. Feliz noche.

Así que de muy mal humor, Marco saludó de la mano con su sonrisa la más hipócrita posible al helicóptero que volvía a llevar Don Gramajo y sus dos putas a la capirucha.
- Por fin, solo en casa, suspiró Marco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario