- El ultimo, vos, ya no reconozco ni a mis rieles…
- ¿Seguro que son tuyos?
- ¡A la gran, que te importa, vos, no chingues!
Marco se calló. Otro delicado más con la jipa complicada. Seguro que pegará a su mujer cuando llegará a casa. Si logra recordarse donde se encuentra el dulce hogar. Marco hizo la cuenta: son quince botellas de Gallo vacías bien alineadas en la mesita, mientras se tomada una, Buey se chupaba cuatro, con la que se está terminando entonces son once, lo que podría explicar su mirada flotante, si no es por mosqueado. Impresionante ver un tipo de esa corpulencia con enojo. Mide casi su metro noventa, con brazos más gruesos que las piernas de Miss Guatemala. Cargar y descargar quintales de una cosa u otra durante todo el día vale el mejor de los gimnasios. Bueno, gimnasios entre la Novena y donde estaba la Terminal Sur no debe haber muchos. Así no perdió Buey un cuerpo atlético adquirido poco a poco con un entrenamiento diario durante quince años en el Ejército. Por lo que acababa contarle a Marco, no fue del todo fácil su regreso a la vida civil en el país de los chaparritos:
- Los pinches políticos, mano, te despiden de un día para otro con unos lenes y te la tienes que arreglar. Sin hacer bulla ¿me captas?
- Los pinches políticos, mano, te despiden de un día para otro con unos lenes y te la tienes que arreglar. Sin hacer bulla ¿me captas?
No fue su caso cuando lo contrató una de esas empresas privadas de seguridad atentas a reclutar los “buenos elementos” que salen del rango y buscando chance. No había terminado su mes de prueba que Buey ya se había metido con unos colegas en un súper plan para robar un transporte de valores entre Cobán y la capirucha. Estaba bien bravo Buey, porque sospechaba a uno de sus cómplices:
- ¿Qué crees tú? El pisado se asustó… compartió su preocupación con su mujer quien se fue a chismosear con la vecina quien se lo comentó a saber quién. ¡Hasta tal punto que el chisme dio tantas vueltas que nos llegó suficiente a tiempo para dejar esa mierda!
A pesar de bolo aplastado por los vapores etílicos que parecía, Buey se partió de la risa, una risa como la de un enorme ogro de esos cuentos que aterroricen a los niños, dándole del puño a la mesa, hasta que se cayeron varias botellas en el piso sucio de la cantina Las Gemelas, sembrado de colillas y escupitajos. Se acercó una de ellas para jalarle las orejas:
- Vos, Buey ¿te crees en casa de mami o qué? No estás en tu aldeíta ¿me entiendes? Aquí es un negocio tranquilo ¡no estás en la placita de vaqueros!
El regañado fijó la patrona a través las brumas del patin. No se parecía por nada a esas chavas en bikini exhibidas en las paredes de este honorable comercio en carteles de publicidad para aceites, llantas y otros productos de talleres grasosos:
- ¿Me lo dices por moreno? preguntó con tono poco amigable. No se preocupe, no se va a armar la gorda.
- Te lo digo por cansado que te ves, papaíto, comentó con voz ya más simpática. Vamos a cerrar ¿te regaló la ultima y me liberan el lugar, si?
¿Otra? Seguro que con esa decimotercera chela, Buey no iba a dar nada más de información, de lo poco que se logro extraerle con pena, sobre “el asunto”. Ya se tiraba con otro tema, más suyo:
- ¿Viste como nos tratan, mano? Yo soy del Progreso, palabra grande para un departamento tan pequeño que lo cruzas sin darte cuenta. Así decía mi papa. Aquí, en la Capi, nos tratan como burros. Como que todos somos vaqueros. Bueno, mi papa era vaquero, y lo respectaba mucho la verdad. El me enseñó que quien tiene trabajo duro, más duro es su trabajo, más lo consideran como una mierda ¿sabías eso?
No sé si fue para apoyar su afirmación profundamente filosófica, Buey tiró un pedo de… buey.
- ¡Caballeros, ya es hora! gritó la dueña.
Gruñón, Buey se puso de pie, titubeando, el resto de las botellas se fue volando. El borracho casi se resbaló pero sorpresivamente, tal una campeona de patinaje artístico, recuperó el equilibrio de inmediato:
- ¡Aquí, nadie me va a tumbar!
- Está bien, está bien, comentó la gemela mastodonte, que les vaya bien.
Y a pesar de que Buey estuvo repitiendo que a la ley de Cristo, cada quien con su pisto, le tocó a Marco cancelar todo por tener más capacidad no tanto económica sino mental.
Marco se paró en el umbral, poco alumbrado por un pobre farolito de luz roja, esperando Buey. A ver si lograría fijar otra cita con él… Pero Buey le pasó al frente, directo a la calle:
- Déjeme que me eche una araña rapidito, que ya me hago.
Como que para aportar su contribución ciudadana al fuerte olor a orina y zope invadiendo la entrada, Buey se pegó a la pared y empezó a regarla. Marco miró su reloj: ya las 3:00 de la mañana. Solo escuchó un motor que venía a toda velocidad, muy pegado a la acera.
- ¡Cuidado, Buey, son capaces atropellarnos empatinados que son! gritó Marco.
Vio el brazo saliendo del vidrio bajado atrás de la 4x4 pero ya era demasiado tarde. Una ráfaga labró la pared, agarrando Buey a altura de la cintura.
- AK47, identificó Marco, tratando tirarse a dentro de la cantina. Escuchó tiros pasándole a ras de las orejas.
Reptando, volvió a fuera. Nadie salió de la cantina sino que se cerró la puerta de metal atrás de él.
- Bonita la solidaridad, pensó Marco, sonriente. No me sorprende…
El coche ya había desaparecido a la esquina. Se levantó Marco, acercándose de Buey, nadando en una charca de sangre. Le puso dos dedos en la yugular: pulso cero. Mejor irse rápido, antes de que lleguen los chontes, si es que circulan todavía las pachucas a una hora tan tarde. O que den la vuelta esos pendejos para venadearlo. Sin correr, Marco se alejó del lugar, agarró la cuarta calle hasta la tercera avenida y camino hasta la gasolinera que quedaba siempre abierta. Ahí había dejado su carro. Sacó un sweater limpio, un casquete tipo parisino que se había comprado en México el año pasado y oclavios tipo profesor de segundaria. Entró en el centro de convivencia, donde pidió un americano con dos nonas. Se iba a quedar un tiempito en la zona, a ver si corría información, por si acaso. Era difícil entender lo que había pasado. ¿Eran unos locos probando su nueva compra, querían darle aguas a Buey, a él, a los dos? ¿Tenía que ver con el asunto por lo cual lo contrataron a Marco hacia apenas 48 horas? Entonces, si, son bastante rápidos y furiosos los malditos.
esta fenomenal !! espero la continuaciòn !!
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