La Triple N (+c)


NEO porque suena asi como que de moda

NOVELA porque a la gente le encanta las historias

NEGRA porque si no te ries te queda solo llorar

chapina, ni mas ni menos

Como que nunca llegó la primavera este año - 15

Durante el desayuno, Marco llamó a Don Gramajo López para informarlo que se encontraba bien, que había hecho una primera visita del lugar y que iba identificando la gente presente en la finca. Lo preguntó a propósito del vecino que cruzo en la ida, Oscar Pérez Caal.
-  Un vecino de siempre, sin ningún problema. Vive por su lado, se relaciona muy poco con sus vecinos. No creo que tenga que ver lo que sea con nuestro asunto, comentó el finquero.
También preguntó Marco de si se iba a quedar TripleH para apoyarlo. La respuesta hizo sonreír a Marco:
-   No está previsto así. El está para ver e informarme del estado del negocio mientras encuentro un nuevo administrador. Por supuesto, en cualquier momento que usted necesite su colaboración, no dude en pedírsela.
La respuesta de Marco fue del mismo calibre:
-   Se lo agradezco. Trataré evitar molestarlo en sus propias tareas. De peón espía, agregó Marco, pero en pensamiento.
A la pregunta de Gramajo López sobre que tenia planificado para los próximos días, le explicó que le importaba empaparse bien del contexto de los acontecimientos y empezar a interrogar a la gente pero con discreción, como encargado de diseñar la remodelación del edificio principal, razón oficial de su presencia.


Se reunió más tarde con Jacobo Chub Tzib para redactar el listado del personal. Decidieron incluir primero solo las personas viviendo en el casco de la finca, sin tomar en cuenta los capataces, trabajadores y visitantes que no vivían en su perímetro. Resulto un listado de nueve personas:
-  1 secretario-contable: Jacobo Chen Tzib
- 2 guardianes: Guillermo Cahuec Cu y Juan Francisco Chub Caal
- 2 mecánicos encargados del mantenimiento de las maquinas: Luis Botzoc Coy y Gualberto Alvarado Pop
- 2 encargados del mantenimiento de los edificios y jardineros: Roberto Coy Caal y Carlos Cab Chen
- 2 encargadas de la limpieza y de la cocina de la casa principal: María Toc Cab y Margarita Chub Caal.
Jacobo le preciso que todos venían del pueblito salvo los mecánicos y el mismo.


En cuanto a los vecinos, era sencillo:
-   Al Occidente tenemos a la finca de los Wholers. Empieza mas allá de la montaña al Norte y colinda con Las Lomas del Norte hasta la carretera de asfalto salvo un pedazo donde esta Oscar Pérez Caal que empieza a la esquina del camino de terracería y la carretera. Al Oriente están los Wagner en colindancia con nosotros hasta donde empieza el terreno de Don Oscar.
- ¿Tienen más extensión que Las Lomas?
- Así a pura estimación, diría que los Wagner tienen también más o menos dos caballerías, pero la propiedad no es tan cuadrada sino más estrecha. Lo de los Wolhers, de la montaña hasta la carretera son como dos caballerías también, pero sin incluir la parte atrás de la montaña que no se cuanto tendrían ahí. De la gente que vive aquí, el que le respondería mejor sobre ese asunto es Don Vicente, un anciano que vive arriba en la montaña.
- ¿Quién es? pregunto Marco, intrigado.
- Un señor de mucha edad, es como una ermita. Ya estaba allá cuando llegué aquí. Nadie sabe de él.
- ¿Pero está vivo?
- Sí, claro, de aquí se mira el corrosal entre los pinos y a veces se ve el humo cuando hace fuego. Don José Luis dice que el viejo no molesta a nadie, nunca creó problemas, entonces mejor dejarlo tranquilo.
De los comentarios de Jacobo sobre la relación de José Luis Gramajo López con sus vecinos, quedó entendido que casi no había, pero tampoco conflictos. Solo una duda sobre unas cuerdas donde coincidían Las Lomas del Norte con la propiedad de los Wolhers y la de Oscar Pérez Caal:
 -   Pero nunca escuche Don José Luis mencionar el caso en los ocho años que tengo aquí, comento Jacobo.


Por la tarde, Marco paseó por el casco de la finca, husmeando.  Cada uno, cada una ocupándose o conversando entre ellos. En k’ekchi’, así que Marco realizo rápidamente que no iba a encontrar mucha información escuchando esas conversaciones. Salvo los mecánicos intercambiaban en español pero, por lo menos cuando estuvo no muy lejos de ellos, sobre problemas técnicos y como solucionarlos. Todo un debate, sonrió Marco, seguro que estos dos se pasan más tiempo en la teoría que la práctica.


Entró en la casa de los dueños y dio un vistazo a las fotografías pegadas a una pared de un lado de la inmensa chimenea. Estaba una foto en negro y blanco de los padres del bisabuelo de José Luis Gramajo López: un señor con poco pelo vestido todo de blanco con corbata oscura y con las manos en las bolsas del pantalón que lleva a dentro de botas de cuero negras. La señora de pelo negro muy largo viste un largo vestido blanca con pequeños volantes en el cuello cerrado y las muñecas. Los dos parecen europeos por su tez blanca. Atrás, también de pie, unos señores con sombreros y ropa blanca de tela gruesa, y unas señoras con cortes de tejido y blusas de la misma tela blanca. Esas personas atrás tienen tez morena, pelo muy oscuro, su ropa blanca se mira más bien gris, sucia, y no tienen zapatos. Marco notó que nadie sonríe en el cliché. Otras fotos, varias, de color, más recientes muestran a José Luis Gramajo López con sus dos hijas que Marco entrevió en la Capital y una señora de largo pelo rubio. Todos visten de jeans y camisas blancas. La señora se mira mucho más joven que Don José Luis, el único que no sonríe.


Mientras estaba mirando esas fotografías, escuchó alguien acercándose. Dio la vuelta. Era una señora morena con largo pelo negro, muy bajita vestida con una blusa de color verde pálido y una falda con pliegues verde oscuro, como las portan también las mujeres que Marco vio en Cobán. Según la edad que debía tener, como unos treinta años pensó Marco, tenía que ser Margarita Chub Caal. Estaba mirando las fotos, en silencio, su rostro no denotaba ninguna emoción pero Marco percibió como cólera en sus ojos café oscuro. Quizás hablaba solo k’ekchi’, saber, pero no:
- Como se mira feliz en esas fotografías, siempre estaba a gusto aquí, le encantaba traer a las niñas. Ellas, igual que su madre, se sentían muy bien con nosotros. Fíjese que las dos hablan muy bien nuestro idioma, les extraño ¿cómo estarán ahora? preguntó la señora en un español perfecto. Viendo Marco con cara de mejicano, se rió: Estudié el castellano con los padres en Carcha, tengo bachillerato. Podría estar en la U pero prefiero vivir en un lugar como este, tranquilo y con mis padres. Se puso a reír también Marco:
- Perdóneme, no la quería ofender, se excusó Marco. Apuntando la fotografía tomada hace un siglo, agregó: soy nuevo aquí y creo que tengo todavía en la mente un cliché en negro y blanco.
- No se disculpe, por favor, es normal. Digamos, no lo es y lo es, se río de nuevo la mujer.
No sabiendo que decir, Marco dio otra mirada a la foto de los antepasados de Gramajo López.
-   ¿Es fascinante, no? preguntó Margarita.
- Si, lo es, reconoció Marco.
- Cada día que entro en esa sala, le doy un vistazo. ¿Qué es lo que le llama más la atención a usted?
- Mire, Margarita ¿la puedo llamar Margarita? Asintió de la cabeza. Gracias, llámeme Marco, por favor. Fíjese que, al principio me chocó las diferencias, todo difiere en todo, sin embargo es el punto en común que tienen todas esas personas que me impresionó más. No se atrevía a decir más. Se río de nuevo Margarita:
- ¡Que extraño, a mí también: nadie sonríe!
Marco se quedo mudo frente la perspicacia de esa señora y agregó:
- Bueno, en las fotos más recientes, hay personas que sonríen… salvo…
- Salvo él, lo interrumpió Margarita. ¿Piensa usted que su hijo de él, si es que un día tendrá un hijo, se verá sonriendo en la foto?
Y dio la vuelta saliendo en dirección de la cocina sin esperar una respuesta. No estaba totalmente seguro Marco pero percibió de nuevo cólera en los ojos de Margarita Chub Caal.

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