Después de una noche tranquila, a pesar de todo, Marco estaba listo, esperando el helicóptero para viajar a Las Lomas del Norte. Bien abrigado en su chumpa, se tomaba un café tibio en lo que pretendía ser la sala de espera, mirando el chipichipi cayendo sin cesar. Deprimente. TripleH lo llamó para contarle que se había tardado un poco en su comunicación con el boss y que el aparato no iba a llegar antes de las 9:00 por el tiempo nublado en la capirucha.
- ¡Vaya suerte!
- ¿Perdón? preguntó alguien sentado en el fondo de la sala.
Marco dio la vuelta mirando al señor que estaba durmiendo cuando él entró ahí:
- ¿Lo desperté? Es que acaban decirme que viene más tarde que previsto mi transporte y…
- No, no, solo estaba dormitando.
Se levantó y se acercó, presentando su mano para saludarlo:
- Oscar Pérez Caal, un gusto, señor…
- Marco, por favor, llámeme Marco.
- ¿Usted no es de aquí?
- De la Capital.
¿Para qué dar más precisiones? Este desconocido tenía una sonrisa permanente, de esa gente que inmediatamente se siente que es simpática y fino, pero un desconocido, se repitió Marco preguntándole:
- ¿Usted, sí, es de aquí?
- De la cabecera, no, vivo más arriba, en el Polochic. Tengo unas cabezas de ganado y un poco de cardamomo, agregó, siempre sonriendo.
Alguien tocó el vidrio: TripleH.
- Con permiso, Don Oscar, dijo Marco.
- Propio, encantado conocerlo, respondió el otro, con su sonrisa gravada en el rostro.
Marco salió y vio que TripleH, él, no parecía muy contento.
- Buenos días ¿se cayó de la cama o que, usted?
- El guacamayo y sus pinches risas ¿qué molestia no?
- Ni me di cuenta que bromeaba también de noche, ironizo Marco.
A la gorrilla no lo hizo gracia el comentario:
- Mire, Don Marco, el boss está como la gran diabla porque lo jabonearon a propósito de usted.
- ¿De mi? ¿Quién?
- Gente del Gobierno, le jalaron las orejas diciendo que el caso está cerrado.
- Que raro que pudieron decírselo así, la verdad, se sorprendió Marco.
- Bueno, que lo que salió en la prensa es la buena explicación y que no pueden hacer nada.
- Me imagino que sí, que se enojó ¡claro! Entonces ¿cuando viene el helicóptero?
- Confirmaron para las 9:00. Me disculpa, Don Marco, voy a saludar este señor, dijo TripleH, mostrando del dedo a Oscar Pérez ahora afuera comprando un atol de arroz.
- Ah, se paró un poco la lluvia, que bien, comentó Marco. ¿Usted conoce a este señor?
- El chipichipi ¿vaya mierda, no? Nunca para. Pero es rico para los cultivos. Pues sí, fíjese que Don Oscar Pérez es vecino de Las Lomas del Norte, en la parte a mano derecha antes de llegar al pueblito.
- ¿No me digas? ¡Qué chiripa! respondió Marco tratando evitar un tono irónico. Increíble, pensó, aquí todos tienen que ver de cerca o de lejos con esa pinche finca…
Mientras se fue TripleH a saludar el vecino, Marco llamó a Gramajo López quien estaba efectivamente en un momento de odio particularmente fuerte, en cuanto a los putos comunistas incompetentes que manejan el país, gritaba en el teléfono. Marco esperó que se calme: nadie puede estar mosqueado eternalmente y siempre viene un momento que el cansancio le gana a la rabia y la frustración. Luego hablaron de cómo avanzaba Marco:
- Por el momento todos confirman la pista de los narcos.
- Si, no veo otra de toda manera, comentó el finquero.
- Claro, y yo soy la sobrina de Tecum Uman, pensó Marco.
Don Gramajo se disculpó por el atraso del helicóptero, explicando que si quizás hubiera podido salir de Ciudad de Guatemala, no hubiera ido mucho más allá de Cobán porque en general en las primeras horas de la mañana el tiempo es más feo en esa región que en la Capital.
Cuando colgó Marco, se acercaba TripleH acompañado de Oscar Pérez Caal. Es que es este último no estaba seguro que llegue su avioneta entonces les pedía el favor…
- ¿Que dice usted? preguntó Marco a la gorrilla.
- No es primera vez que le damos un colazo a Don Oscar. Así que viajó con ellos el señor siempre sonriendo, agradeciéndoles mínimo cuatro veces durante un viaje que no tardo más de veinte minutos.
Después de bajar unos kilómetros al sur de Cobán donde Marco identificó a San Juan Chamelco, la nave siguió el corredor de la cuenca del Polochic. Sobrevolaron Tamahu y luego Tucuru, o quizás al revés porque Marco no se recordaba exactamente el mapa consultado unos días antes. Más arriba pasaron entre la Sierra de Chama al Norte ya soleada mientras la Sierra de Las Minas, a mano derecha, quedaba en la sombra, para pasar entre Senahú y Panzos, o tal vez al revés porque…
- Aquí llegamos, comunicó el piloto. Si seguimos recto, tenemos la zona del Cahabon al frente, indicó.
- Muchas gracias, contestó cortésmente Marco que no tenía ni la menor idea de donde se encontraba, solo que todo era verde, increíblemente verde, una vegetación digna de las mejores películas de aventura en la Amazona.
- Vamos a entrar por el camino, mire a su izquierda ¿puede ver como una pequeña laguna?
- Pues sí, respondió Marco.
- Ok, ahora a su derecha, en la otra orilla del camino, después de un gran potrero, está el pueblito donde vive la gente que trabaja en la finca. Nosotros vamos a bajar en el potrero, está a unos doscientos metros del portón de la finca. Ahí vamos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario